Dr. Carlos Jaramillo revela en SEMANA las claves para escapar de esta enfermedad

Dr. Carlos Jaramillo revela en SEMANA las claves para escapar de esta enfermedad
Dr. Carlos Jaramillo revela en SEMANA las claves para escapar de esta enfermedad

Después de la pandemia, los casos de ansiedad, depresión y agotamiento, que no es otra cosa que agotamiento emocional, despersonalización y disminución del rendimiento personal. “Y la realidad es que es imposible tener buena salud sin un buen manejo del estrés”.

Quien lo dice es el reconocido médico Carlos Jaramillo, un cirujano con una profunda pasión por la salud y la ciencia, autor de libros superventas como El milagro metabólico. Ahora, convertido en uno de los médicos con más audiencia en las redes sociales, reaparece en el panorama editorial con Anti estréspáginas en las que profundiza en lo que ha llamado una especie de epidemia silenciosa “de la que no se habla, porque muchos no ven bien quejarse del exceso de cansancio y la fatiga crónica”.

SEMANA Habló con este campeón de la medicina funcional que está convencido de poder transformar la vida de los pacientes cambiando sus hábitos.

Carlos Jaramillo | Foto: Cortesía: Ricardo Pinzón

SEMANA: En su libro usted dice que el estrés es una de las grandes epidemias de este siglo. ¿Porque?

Carlos Jaramillo: Cuando las personas tienen problemas de diabetes o aumentan de peso, se nota. Pero cuando estamos crónicamente estresados, no está tan claro. Y hoy vivimos expuestos a tres tipos de estrés que nos están matando: el mental, el físico y el químico. Todos son como un gótico que poco a poco va cayendo y nos enferma. Pero el estrés afecta a muchas dolencias. Alguien, por ejemplo, con artritis reumatoide tiene un cuerpo estresado.

SEMANA: ¿Cómo diferenciar el estrés normal, producto de una situación difícil de controlar, del estrés crónico?

CJ: Pensemos en el amortiguador de una motocicleta. Si en lugar de tres personas sentadas en una moto que está hecha para dos personas, comienzan los daños que se empiezan a notar con el tiempo. El cuerpo está diseñado para resistir el estrés, para responder a esa situación. La homeostasis nos ayudará a tener una respiración adecuada o un buen ritmo cardíaco. Aunque hay cosas que nos sacan de ese estado normal y el cuerpo intenta volver a ese estado normal. Pero cuando pierdo esa capacidad, el estrés empieza a pasarme factura: vivo cansada, con sueño, con dolores de cabeza, calambres, bruxismo, migrañas, cambios de peso, retención de líquidos, problemas menstruales, dificultades de tiroides, gastritis, reflujo, estreñimiento. Hay muchas manifestaciones. Dime un órgano y te diré cómo se estresa.

SEMANA: En el libro hablas de aprender a encontrar la calma: parar, respirar, tomar un descanso. ¿Cómo lograrlo en estos tiempos de tanto vértigo?

C.J.: Se nos ha metido en la cabeza la idea de que somos indispensables en la vida, en el trabajo, en la familia, en la sociedad. Pero te das cuenta de que no es el día en el que tienes que operarte de apendicitis, lo que te obliga a permanecer dos días en el hospital. Ese día tu jefe decide y tu marido también, lo que sea. Vivimos pensando que no tenemos tiempo para nuestra salud. Pero si no nos tomamos ese tiempo, el cuerpo nos lo cobra. Nos encanta el papel de las víctimas.

SEMANA: ¿Hemos normalizado el estrés?

CJ: Normalizado, ridiculizado, escondido. El estrés es como Bruno en la película. Encanto: aquí no se trata de “no hablan de Bruno”, sino de “no hablan de estrés”. Porque en definitiva es una enfermedad de salud mental. ¡Y eso no se ve bien! De eso no se habla. ¿Cómo voy a demostrar que estoy estresado por mi trabajo? Debo ser fuerte. Y no falta quien te dice: “Lo que deberías agradecer es ese trabajo, mira a tantos que no lo tienen y mira cuánto te pagan”. No nos atrevemos a decir que trabajamos mucho, que nos sentimos cansados. Pero cuando escuchamos hablar del primo que se suicidó o cayó en las drogas, nos preguntamos: “Qué raro, ¿por qué lo haría?”. Lo que creo es que cuando nos golpea el estrés mental deberíamos poder levantar la mano y decir: “Estoy estresado, me siento agotado”.

SEMANA: En tu caso, ¿cómo lo has vivido?

CJ: En este momento de mi vida, después de seis años de mucho trabajo, sentí que tenía que tomarme un descanso. De diciembre a septiembre de este año decidí tomarme una licencia de paternidad y un descanso de mi práctica clínica. Sigo investigando, a mi propio ritmo. Sólo hago diez citas médicas al día a una hora concreta. A mis pacientes, que llevan varios años así, les dije que necesitaba ocho meses para estar con mis hijos, para respirar, para ir a la playa, para tumbarme en el parque.

SEMANA: ¿Esta decisión tiene que ver con aquel episodio de tu vida que viviste hace diez años y que te mantuvo hospitalizado durante varios días?

CJ: Ese momento me hizo cambiar para siempre mi forma de hacer medicina. Me hizo entender, cuando salí de la clínica sin respuestas, con un diagnóstico, pero sin causas, que lo mejor que podía hacer era tomar control de mi salud. Aprendí a tener herramientas para mi salud y enseñárselas a mis pacientes. Ya se me daba bien esa medicina de “toma esto y, si no funciona, nos operamos o nos morimos”. Había que pensar en una medicina que tuviera en cuenta a los pacientes y los transformara. Y cuando comencé a ver la transformación de los pacientes, fue hermoso. Los vi mejorar de lo que nadie había mejorado. Porque si la gente se volvió diabética en casa, con sus hábitos, no puede ser que el tratamiento sea con medicamentos.

El estrés y la mala digestión pueden ir de la mano. | Foto: imágenes falsas

SEMANA: Uno de sus grandes apostolados como médico es la importancia de saber qué nos llevamos a la boca. ¿Cuál es la relación entre el estrés y la dieta?

CJ: La mala alimentación estresa el cuerpo y es estrés químico. El bueno reduce el efecto del estrés en mí. Y una mala alimentación hace que mi recuperación tras un estrés físico, derivado de una caída, por ejemplo, sea menor. Una buena alimentación me ayuda a recuperarme más rápido. Una buena alimentación no lo es todo, pero sí mucho. No existe ningún tratamiento ni ejercicio que pueda contrarrestar una mala alimentación.

SEMANA: ¿Qué tipo de situaciones asociadas al estrés no te permites?

CJ: A estas alturas de mi vida, a mis 39 años, ya no tengo miedo de equivocarme. Y no voy a decir que nunca tomo una copa en mi vida. Pero trato de no hacer estupideces. Me explico: bebo vino como parte de una comida, pero no lo bebo con el propósito deliberado de emborracharme, de intoxicarme. Otra estupidez es fumar sabiendo todo el daño que le va a hacer a mi cuerpo. O no hago cosas como comer helados ultraprocesados, con sabores artificiales y con aceite de canola. Prefiero el helado natural, con ingredientes reales. No caigo en excesos de nada: ni de dulces, ni de trabajo, ni de licor, ni de angustias, ni de creencias. Y con eso creo que puedo escapar del estrés.

SEMANA: ¿Crees que tanta obsesión por el bienestar y la felicidad nos estresa?

CJ: Buscar un exceso de bienestar se convierte en una ilusión y en algunos casos en una obsesión. El bienestar y la salud perfectos no existen. Es otro trastorno mental que puede generar estrés.

SEMANA: En el libro habla de la respiración. ¿Por qué es tan importante contra el estrés?

CJ: Si nos damos cinco minutos de respiración consciente al día, permitiendo que nuestra barriga se hinche bien, podemos aportar grandes beneficios a nuestro organismo. Nos ayuda a equilibrar todo el sistema parasimpático, lo que se analiza ampliamente en el libro. Este tipo de respiración nos aporta grandes beneficios, sólo se necesitan cinco minutos.

 
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