Marca y aguacero – Juventud Rebelde – .

Marca y aguacero – Juventud Rebelde – .
Marca y aguacero – Juventud Rebelde – .

¿Quién hubiera imaginado que aquella llegada, ocurrida en la casa número 4 de la calle Burruchaga, en el centro de la ciudad de Bayamo, sería luego una magnífica huella en el pecho de nuestra propia historia?

Algunos contaron que un aguacero, una corriente del vapor de medianoche, invadió el final del día, tal vez como señal de que lo anunciado, después de nueve meses en las entrañas de Francisca de Borja, se convertiría, con la cabalgata del almanaque, en Lluvia eterna para Cuba.

Quién hubiera adivinado entonces que aquel hermoso hombre, que llegó el 18 de abril de 1819 y se llamaba Carlos Manuel Perfecto del Carmen, sería capaz de renunciar al collar rodeado de diamantes, a la levita señorial, al lujo a raudales, para lanzarse ¿En los bosques, llenos de pobreza e inmolaciones, en busca de sueños vinculados a la independencia o al hermanamiento de negros, blancos y mestizos?

Hoy sabemos que se trasnochaba leyendo libros en su adolescencia, puso rebeldía en su andar, secuestraba corazones femeninos, escribía poemas que explotaban, supo ser coautor de la primera canción romántica del país, fue un actor aclamado, dominaba varios idiomas, aceptaba los duelos sin miedo. , se armó de una amplia cultura, llegó a lo más alto, hizo de la libertad de Cuba su mayor pasión.

Quienes ahora mismo, a 205 años de aquel nacimiento, no se inclinan ante quien concluyó su calendario con el estómago vacío, el brazo casi tullido, la mirada en las puertas de la oscuridad, los zapatos zurcidos por las necesidades, la frente orgullosa del pesar. tantas viles cosas para apartarlo del camino, el paje está dispuesto a enseñar entre cerros… no podrán ver la aureola de su vida, que invita a tiempos más elevados.

Quienes hoy necesitan, más allá de abril, encontrar un ser humano que lleve las virtudes en la cabeza y esté lejos de la perfección de su nombre –algo que lo hace más carnal y cercano–, deben viajar a la verdadera novela de Céspedes; Seguramente volverán con una inyección de patria en las venas del alma.

Cuando necesitemos encontrar un portador de banderas, un removedor de ciudades, un represor de los débiles, un hábil espadachín contra probabilidades imposibles, un jugador de ajedrez que reviva corceles más allá de los tableros, extendamos la mano para tocar, y no soltar, el primer Presidente de la República en la selva, al Iniciador, al Padre severo pero tierno. De ese apretón de dedos renacerá sin duda la misma marca de pasiones y diluvios.

 
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