único de su tipo en el mundo – .

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El rico patrimonio de la ciudad de Matanzas le ha valido, con toda justicia, ser llamada “la Atenas de Cuba”. Este epíteto, ganado en el siglo XIX, se ve reforzado por la existencia del Museo Farmacéutico, única institución de su tipo en el mundo que cumple 60 años desde su inauguración el 1 de mayo de 1964.

Pero la historia de la propiedad se remonta a mucho tiempo atrás, al 1 de enero de 1882, cuando los amigos Enrique Triolet Lelievre, natural de Francia, y Juan Fermín de Figueroa Véliz, conocido como “Rey de las Boticarias de Cuba” y graduado como el Primero como médico en farmacia, inició la venta de plantas medicinales y medicinas elaboradas en su propio edificio de tres pisos, construido por ellos en la Plaza de Armas, donde hoy se encuentra el museo.

Casado primero con la hermana de su amigo y, tras enviudar, con su hija, el doctor Enrique Triolet permaneció al frente de la Farmacia francesa hasta su muerte en 1990 en París, poco después de haber participado en la Exposición Universal, en la que se presentaron once de sus productos. ganó una medalla de oro.

La calidad de las fórmulas, el gusto refinado en cada uno de los detalles y el trato familiar de los empleados, distinguieron siempre al establecimiento, tanto entre los médicos de la ciudad como entre la propia población, que vio en 1920 cómo se expandía. la gama de medicamentos tras el inicio de las importaciones y, en 1940, con la venta de instrumentos.

Siempre en manos de la familia y encabezada en una primera etapa por la segunda esposa del Dr. Triolet, María de los Dolores de la Caridad Cleofás Figueroa y Marty, primera doctora en farmacia de nuestro país; Luego de ella por su sobrino, el Dr. Ernesto Valdés Figueroa y, finalmente, ya anciana, por su hijo, el Dr. Ernesto Luis Triolet Figueroa, la Botica fue nacionalizada en noviembre de 1963.

Unos meses más tarde y tras necesarias adaptaciones, abrió sus puertas como museo, mostrando a cubanos y extranjeros no sólo la belleza de su arquitectura y estanterías de cedro, sino también sus excepcionales colecciones de recetarios, instrumentos originales elaborados en cobre y bronce, y el frasco de farmacia más grande del mundo perteneciente a la misma farmacia, fabricado en Nueva York.

Pero el Museo Farmacéutico de Matanzas no es sólo esa institución que permite profundizar en la historia de la medicina y la farmacia en Cuba; en el del territorio jumuriano y en el de la presencia francesa en nuestro país; sino una institución que irradia a la comunidad con actividades de divulgación y eventos culturales, y también es de gran utilidad para quienes estudian esta especialidad.

Joya de nuestro patrimonio, fue declarado Monumento Nacional hace diecisiete años, condición que custodian con orgullo quienes allí trabajan, a quienes se debe en gran medida que conserve el mismo refinamiento con el que fue inaugurado hace seis décadas.

 
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