Jimmy García: el profesor que puso al Chocó en el mapa mundial de la robótica

Jimmy García: el profesor que puso al Chocó en el mapa mundial de la robótica
Jimmy García: el profesor que puso al Chocó en el mapa mundial de la robótica

Esta historia tiene dos comienzos. La primera se remonta a la adolescencia de Jimmy García Caicedo (Quibdó, 41 años), cuando terminó la secundaria. “¿Y si estudiara arquitectura?” le preguntó a su familia. “Lo que hacen los arquitectos, algún día lo acabarán haciendo los ordenadores. Mejor estudiar ingeniería de sistemas”, respondió su padre.

El segundo ocurrió unos años después, cuando el ingeniero García, quien se desempeñaba como docente de tecnología e informática en una escuela de la Comuna 2, en una zona vulnerable de Medellín, recibió un kit de robótica que la Fundación Fe y Alegría llevaba como parte de la estrategia para fortalecer las habilidades tecnológicas de los estudiantes.

El kit contenía piezas metálicas, ruedas, motores, tornillos y una especie de cerebro que podía programarse. García lo llevó a su casa –ningún otro profesor mostró interés– y durante el fin de semana estuvo trasteando y trasteando con él hasta construir un vehículo que podía evadir obstáculos. “Fue revelador”, recuerda. En algún punto entre esos dos momentos en la vida de Jimmy García Caicedo se encuentra la verdadera génesis de la Escuela de Robótica del Chocó, un laboratorio que desarrolla habilidades STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) en edades tempranas y que brinda herramientas a niñas y niños para que que se conviertan en agentes que resuelvan problemas en su entorno.

“Esa es la definición técnica de la escuela”, aclara García. La definición romántica es que se trata de una “máquina de cumplir sueños”, lo que ha puesto al departamento del Chocó, tan golpeado por la violencia y el abandono estatal, en el mapa de la robótica, contrariamente a la narrativa de pobreza y corrupción. con el que siempre está asociada esta región del país.

Desde 2016, año oficial en el que comenzó la escuela en un cibercafé propiedad de su madre, unos 3.250 estudiantes han asistido a programas gratuitos en Quibdó y otras ciudades. Dos estudiantes, Kelly y Ainara, visitaron la NASA y hablaron con mujeres astronautas que han roto todas las barreras y estereotipos posibles. La escuela ha realizado programas de capacitación en Buenaventura, Guapi, Timbiquí y Tumaco, localidades del Pacífico colombiano, y en 2019 representó a Colombia, con 15 jóvenes de Quibdó, en el campeonato mundial de robótica en China. Para la mayoría, era la primera vez que subían a un avión.

En la remota zona de Imbilí, a unos 45 minutos de Tumaco, en el departamento de Nariño, García fue invitado a replicar su modelo. Así nació la Escuela de Robótica Espacial Innovación Imbilí, a la que su equipo asesoró y capacitó, y desde enero del año pasado se convirtió en un centro de servicios tecnológicos para la comunidad auspiciado por la empresa HP. Allí acuden anualmente unos 100 menores y adultos para recibir formación tecnológica. Algo similar ocurrió en Medellín, donde la Escuela Quibdó ayudó a crear una estrategia de capacitación en videojuegos, páginas web y robótica para un grupo de 100 niñas indígenas y afro.

Antes de ingresar a la universidad, García no había tenido ningún contacto con la tecnología. Pocas veces lo había hecho en una computadora, porque en su colegio de Quibdó el salón de computación siempre estaba roto o sin electricidad. Lo más cerca que había estado de ese mundo, dice entre risas, fue a través de los episodios de la serie. Transformadores y Los Supersónicos.

Aquella revelación que fue el kit de robótica le dio un giro a su carrera docente. Ese mismo año 2011 creó un club de robótica que empezó con 10 alumnos y acabó con 5. Fue una sensación. Los chicos participaron en eventos nacionales e internacionales y ganaron varios premios, pero cuando llegaron al grado 11 y abandonaron la escuela, él se desencantó. “Algo salió de mi corazón, ya no vibró y ya no quería estar en Medellín”. Además, lo asaltó una pregunta que le causó una terrible frustración: “¿Por qué soy el único chocoano negro en estos eventos tecnológicos?”.

Con esa pregunta en mente, regresó a su tierra natal y comenzó a buscar apoyo institucional, que nunca llegó. Lo escucharon, pero le dijeron que, aunque su idea “sonaba linda”, no había dinero. Entonces montó su Escuela de Robótica con sus propios recursos y, de boca en boca, los niños empezaron a llegar. Los primeros fueron alumnos de su madre, ya que ella era profesora de caligrafía. Algunos organismos nacionales e internacionales se interesaron por su propuesta y se consolidó hasta convertirse en un referente.

Actualmente, la escuela acoge al 75% de los estudiantes. Cuando comenzó el proyecto, en todo caso había 2 niñas por cada 10 niños. Esta cifra ha sido posible gracias al programa Innovation Girls, impulsado por dos jóvenes voluntarias que acudieron al colegio y se propusieron atraer a más niñas. Se trata de Debbie Marín Caicedo, hermana de García y reconocida líder, y Cruz Helena Valencia, becaria del programa Ford Global Fellowship de la Fundación Ford, precisamente por esta propuesta que busca empoderar a las mujeres.

“En educación tenemos un salvavidas importante para el Pacífico colombiano. Es el factor que nos permitirá cambiar la dinámica socioeconómica del territorio y nuestra mejor opción para escapar de las trampas de la pobreza”, afirma García.

Apoyo de Ecopetrol, Movistar y Fundación Corona.

 
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