El Museo Egipcio de Barcelona revive el Libro de los Muertos

Lo primero fue dirigirse, o mejor dicho desplazarse en cuerpo y alma, hasta la necrópolis. Ser bienvenido en la tumba, neutralizar la amenaza de Apophis y solarizarse en el mundo de Osiris. A partir de ahí, la regeneración, con el ritual de apertura del boca; la transfiguración y el Juicio Divino; el viaje en barco por el mundo subterráneo; y al final, si todo va como manda Osiris, el Edén, la salida al día. Porque, aunque a lo largo de los siglos los egiptólogos han acabado bautizándolo como Libro de los Muertos, los papiros egipcios que recogían el paso del mundo de los vivos al mundo de los difuntos, ese manual de instrucciones para llegar al más allá y disfrutar en la vida eterna entre caudalosos ríos y montañas de trigo, eran en realidad otra cosa. “Los egipcios lo llamaban ‘El libro del día libre’, lo que explica muy bien cuál era su función”, afirma la directora del Museo Egipcio, Maixaixa Taulé.

A su alrededor, dividido en tres paredes, una reproducción a tamaño natural de los 23,6 metros de escritura jeroglífica del papiro de Ani, uno de los ejemplos más espectaculares y destacados del Libro de los Muertos (eso sí, como marca el ‘Libro de la Salida al Día’ queda un poco flojo) y una joya del Museo Británico ya que Ernest Wallis Budge lo sacó de Egipto como por engaño y birlibirloque. “Es un manual para superar la adversidad y renacer en el Campo de la Felicidad”, subraya el curador y curador del museo, Luis Manuel Gonzálvez, encargado de anotar el papiro de Ani e incorporar descripciones y explicaciones de escenas clave como el funeral. procesión. ; la sala de la Doble Verdad, con el pesaje del corazón y de la pluma; la confesión negativa y los 42 mandamientos; el viaje a bordo del barco solar con el Dios Thoth como timonel; y la identificación del alma del difunto con el dios Sol, prueba definitiva de la vida después de la muerte, ya que si algo muere y nace cada día es precisamente el astro rey.

Un lío, sí, aunque precisamente por eso el museo de Barcelona ha decidido devolverle la vida al Libro de los Muertos. “Es algo que no se estudia en profundidad a menos que seas egiptólogo, por eso hemos querido explicar los textos más famosos de una forma sencilla y comprensible”, afirma Taulé. Y para conseguirlo, además de reproducir el papiro de Ani de forma didáctica y entretenida, la exposición ‘Salir por el día’, expuesta hasta febrero de 2025, reúne también más de setenta piezas de la colección Clos relacionadas con la temática.

Video.

Dos visitantes observan el papiro de Ani en el Museo Egipcio de Barcelona

EFE

Por ejemplo, un fragmento del Libro de los Muertos de los señora bary con uno de los capítulos menos frecuentes, el de las ofrendas; y otro fragmento de otro libro fechado también entre 1307 y 1196 a.C. C. que reproduce uno de los momentos cruciales: el confesión negativa. En la pieza se pueden intuir jeroglíficos con declaraciones de inocencia como “No he robado, “No fui hablador” y “Mi única riqueza eran mis posesiones”, “No he sido malo, no he hecho el mal”… Y así hasta casi medio centenar de maneras diferentes de decir que uno es apto para la vida eterna.

En las vitrinas, diversos ejemplares de ‘ushebtis’, ojos de Horus con propiedades protectoras, amuletos de lapislázuli con el Nudo de Isis, reposacabezas de alabastro, la máscara de una momia de cocodrilo, el ataúd de una musaraña. una caja para guardar las vísceras y un juego de herramientas para realizar el ritual de apertura de la boca. Y en el centro, la tapa de una tumba de los años 525-332 a.C. C. que conserva fragmentos de un Libro de los Muertos grabado en piedra; una exquisita cabeza dorada de Osiris; y una obertura de momia tratada con pan de oro.

Piezas todas ellas relacionadas con alguno de los 194 capítulos entre los que los egipcios debían elegir a la hora de realizar su Libro de día libre. «No todo el mundo podría tener un libro de los muertos. Dependía de su capacidad económica y cultural”, aclara Gonzálvez. De modo que el ‘todo incluido’, dejando de lado el entierro y la momificación, estaba reservado a una parte muy pequeña de la población. A personas como Ani, un escriba que encargó el suyo con gran detalle en el año 1250 a.C. C.

Lo más normal era que los egipcios corrientes fueran enterrados con un solo capítulo sin decoración, pero el de Ani tiene 67 y está ricamente ilustrado con textos jeroglíficos. “Aparece todo menos el veredicto final de Osiris”, desliza el comisario.

 
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