‘Antifémina’ de Colita, el primer libro gráfico feminista de la Transición

En 1976, el fotógrafo Cola y el escritor María Aurelia Capmany Se embarcaron en el proyecto de un libro que retratara el mundo de la mujer de su época. Un año después fue publicado en la Editorial Nacional antifemenino, el primer libro gráfico feminista de la Transición, que en apenas unos meses fue censurado y retirado del mercado. Cuarenta y cuatro años después se reeditó respetando el original, y la exposición que se puede ver en el Círculo de Bellas Artes de Madrid hasta el 5 de mayo, donde la propia Colita trabajó hasta su inesperada muerte en diciembre.

Mi madre se casó con un vestido idéntico al de la mujer de esta foto que veo: raso blanco, sin cuello y entallado a la cintura, vuelo discreto, guantes y una aureola de tul espléndida. Aquí en la exposición antifemenino del Círculo de Bellas Artes, dedicado al libro que el fotógrafo publicó con el mismo título en 1977 Cola y el escritor María Aurelia Capmany, hay varias imágenes de boda y todas lucen un outfit similar. Era el estándar normativo de la época, el envoltorio adecuado a las virtudes de la novia entregado a un hombre al pie del altar, a modo de ofrenda. En la fotografía de Colita, los recién casados ​​posan junto a una cruz de hierro entre un desordenado sotobosque de arbustos secos y ramas muertas y detrás, completando la metáfora, la monotonía de una llanura deshabitada se desdibuja en gris.

En otra imagen de la exposición se puede ver a una pareja de espaldas cruzando un cementerio entre hornacinas donde se pudren flores. Y el retrato de una novia emocionada que llora y otra que ríe, y una secuencia donde otras mujeres que ya han pasado por el trance la preparan: le pintan las uñas, la maquillan, le arreglan el velo o el vestido para convertirla en la mujer casada perfecta. . La ironía de Colita socava el entusiasmo del matrimonio como destino inevitable y fabuloso en la vida de las mujeres. “Ahí estás tú como protagonista”, reza el texto de Capmany en la pared del salón. “Solo por un día, pero completo. El vestido de la novia. El velo de la novia. La tarta de la novia. El novio de la novia. “La boda de la novia”.

Cuando empezaron a trabajar en el proyecto. antifemenino En España se estaba forjando la Constitución que en 1978 pondría fin definitivamente al régimen. Maria Aurèlia Capmany tenía 58 años y era una figura destacada de la intelectualidad catalana, escritora, pedagoga y dramaturga que participó en actividades culturales clandestinas y había publicado ensayos como feminismo ibérico (1970), De profesión, mujer. (1971) o Carta abierta al macho ibérico (1973). En 1976 Capmany había participado en la organización de las Jornadas de la Mujer Catalana celebradas en Barcelona, ​​donde 4.000 mujeres clamaron contra la discriminación machista, pidiendo libertad e igualdad de derechos.

Trabajador en la fábrica. Barcelona, ​​1976. De la serie ‘Trabajo o tarea’. Foto: Archivo Fotográfico Colita.

Muñeca inflable. Barcelona, ​​1976. De la serie

Muñeca inflable. Barcelona, ​​1976. De la serie ‘Desmembrar un cuerpo’. Foto: Archivo Fotográfico Colita.

Isabel Steva Hernándezuna pionera del fotoperiodismo a la que su padre llamaba Colita porque decía que había nacido debajo de una col, tenía 36 años, ya había trabajado en prensa para numerosas publicaciones y en cine, colaborando con la Escuela de Barcelona, ​​había retratado a la Gauche Divina de Barcelona y fue redactor gráfico de la revista Vindicación feminista. De su amplio archivo fotográfico surgieron casi todas las imágenes que iban a formar parte del libro que Capmany tenía en la cabeza, una mirada reivindicativa al mundo y a la vida de las mujeres españolas de su tiempo que planteaba la pregunta clave: el significado de ser mujer.

El modelo ibérico cuando antifemenino vio la luz era una mujer subordinada al hombre y en el imaginario patriarcal oscilaba entre el pudor y la revelación, la seducción y la sumisión. En los años 70 los anticonceptivos estaban prohibidos y el adulterio seguía siendo un delito grave, la moral sexual estigmatizaba a las mujeres y era permisiva con los hombres. Las feministas comenzaron a exigir el derecho de las mujeres sobre sus propios cuerpos, lo que sin embargo, la exposición se convirtió en la iconografía de una apertura política que abandonó la censura y el puritanismo. Las fotografías de Colita enmarcan la cosificación de esos cuerpos de enormes dimensiones a pie de calle, como en la instantánea de esa pareja mirando el cartel del teatro Apolo donde se representa la revista. Un pequeño amigo tuyo; o esas mujeres decorosas con carteras y paraguas bajo piernas gigantes que con un tacón vertiginoso pisan una maleta, que casi parece pisarlas; o en el detalle de bocas sensuales, manos y el rostro inanimado de un maniquí.

La mujer se desmembró. El cuerpo como mercancía. “Los senos, las nalgas, los muslos”…, escribe Capmany en el libro, “son imprescindibles para la venta de frigoríficos, calcetines, televisores… Porque los senos y las nalgas y los muslos no son lo que parecen, sino lo que significan como objeto. compró”. Y Colita retrata una muñeca de goma desinflada que yace arrugada y amorfa entre las sábanas de una cama deshecha. “Aquí”, dice Capmany, “el ideal: una mujer absolutamente disponible, que no dice nada, que se abandona por completo, que lo admite todo, caricias o abusos… viva o muerta, no importa”.

María Aurélia Capmany. Barcelona, ​​1978. Foto: Archivo Fotográfico Colita.

María Aurèlia Capmany. Barcelona, ​​1978. Foto: Archivo Fotográfico Colita.

Los preparativos de la novia. Barcelona, ​​1963. De la serie 'La carrera de la mujer con un seguro de vejez'. Foto: Archivo Fotográfico Colita.

Los preparativos de la novia. Barcelona, ​​1963. De la serie ‘La carrera de la mujer con un seguro de vejez’. Foto: Archivo Fotográfico Colita.

Colita en La Pedrera, Barcelona. 1978. Foto: Archivo Fotográfico Colita.

Colita en La Pedrera, Barcelona. 1978. Foto: Archivo Fotográfico Colita.

Con mensajes elocuentes, Colita y Capmany insisten en la idea de la marginación de la mujer en cualquier ámbito. El de las niñas y sus madres y abuelas en los retratos que Colita realizó en los años 60 en Somorrostro, sometidas a la comunidad y sin vida propia, o el de las prostitutas del Barrio Chino de Barcelona, ​​cuya vida transcurre en el anti-hogar de la calle. Marginación también en el trabajo doméstico como servicio gratuito inherente a la naturaleza femenina, designado en documentos oficiales como “sus tareas”, a lo que el fotógrafo contrasta imágenes de las trabajadoras y sus manos en la serie. Trabajadores en la fábrica de 1976. “Las manos de las mujeres trabajadoras son exactamente iguales a las manos de los hombres trabajadores”, dice Capmany.

Abuela y nieta. Barcelona, ​​1976. De la serie 'La mujer marginada en la sociedad. Foto: Archivo Fotográfico Colita.

Abuela y nieta. Barcelona, ​​1976. De la serie ‘La mujer marginada en la sociedad’. Foto: Archivo Fotográfico Colita.

Mujer tras las rejas. Sanlúcar de Barrameda, 1969. De la serie 'Historia de una Soledad'. Foto: Archivo Fotógrafo Colita.

Mujer tras las rejas. Sanlúcar de Barrameda, 1969. De la serie ‘Historia de una Soledad’. Foto: Archivo Fotográfico Colita.

Mujeres en el paralelo de Barcelona, ​​1965. De la serie 'Desmembrar un cuerpo'. Foto: Archivo Fotográfico Colita.

Mujeres en el paralelo de Barcelona, ​​1965. De la serie ‘Desmembrar un cuerpo’. Foto: Archivo Fotográfico Colita.

Y después de la familia, la educación o el trabajo, después de la exaltación de la eterna juventud, de la delgadez y la belleza como requisitos deseables en la mujer, quedan ellas, las viejas, privadas de todo valor. Como la que se balancea en su mecedora o la que pasa la mañana en la playa vestida de negro, entre toallas y cuerpos que chapotean más allá; o como las ancianas que en Madrid suben pesadamente las escaleras de la iglesia o la que mira por la reja de una ventana como si fuera la prisión de su vida, en Sanlúcar de Barrameda. “Un anciano sigue siendo un hombre aunque sea viejo”, escribe Capmany; “Una anciana no es nada. Ha dejado de ser un cuerpo deseable, un cuerpo fértil, ha dejado de ser el genérico que se ha aceptado como esencia de la Feminidad. La mujer se ha vuelto antifemenina. Ella no es ni mujer ni hombre; ella es otra cosa”.

nada de antifemenino Nos parece inusual o anacrónico, porque algunas cosas no han cambiado tanto para las mujeres. Maria Aurèlia Capmany murió en 1991 y no pudo ver la reedición del libro en 2021. Colita falleció el pasado mes de diciembre, justo antes de la inauguración de esta exposición. En el monitor de una de las salas, a modo de homenaje, se la ve organizando, seleccionando entre los miles de sus negativos las fotografías que formaban parte del libro y que iban a aparecer en esta exposición. Luego aparece por detrás, cruzando una playa hacia el azul, encontrándose con el mar. Como en la icónica fotografía de gran tamaño que ilustra. antifemenino: una mujer ya madura en bañador que se adentra sola en un mar tranquilo y vacío como un mundo, acariciando la superficie con la punta de los dedos. “Y lo que vamos a ver no es otra cosa que el contacto con la realidad y no hay nada más estimulante, más corrosivo, más revolucionario que la realidad”, dice el texto de Capmany junto a la imagen, inaugurando la exposición.

Y eso es exactamente lo que aquí se puede explorar: una realidad que atraviesa el tiempo.

‘Colita. Antifemenino’. Círculo de Bellas Artes, Sala Goya. Madrid. Hasta el 5 de mayo

Sobre el Autor

Ana Esteban

Ana Esteban es una viajera, de adentro hacia afuera o de afuera hacia adentro. Es autora de las novelas Sólo llueve (Debate), La luz bajo el polvo (Ediciones del Viento) y del libro de cuentos Peces de charco (Baile del Sol). Ha publicado artículos, críticas cinematográficas y literarias, entrevistas y crónicas en El País, El Semanal, El Asombrario, Buensalvaje y otras publicaciones.

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