Cordoví y el secreto médico. Un debate ético en el sistema de Salud cubano – .

Cordoví y el secreto médico. Un debate ético en el sistema de Salud cubano – .
Cordoví y el secreto médico. Un debate ético en el sistema de Salud cubano – .

Ernesto Cordoví y su esposa Nayla Airado Rivero son dos médicos cubanos más conocidos por su labor mediática en defensa de la “Revolución” que por sus aportes a la medicina. Ambos cumplieron una “misión internacionalista” en Guyana y desde allí impulsaron un canal de YouTube que hoy cuenta con aproximadamente 12.000 suscriptores y se llama “Guardianes de la Salud”.

Ernesto Cordoví era militante profesional de la Unión de Jóvenes Comunistas y al regresar de su misión en Guyana fue nombrado subdirector del Hospital General Docente “Enrique Cabrera” y director de Maternidad.

Actualmente, todavía se desempeña como «youtuber “revolucionario” y luchador de las redes sociales y director del Hospital Hijas de Galicia de la capital cubana. Se trata del centro asistencial donde ocho bebés prematuros murieron en enero de 2023 a consecuencia de una infección hospitalaria que adquirieron en la sala de cuidados intensivos.

En ocasiones, Ernesto Cordoví funciona más como un “cuadro” que “entiende” las redes sociales que como un médico. Así quedó demostrado el 23 de mayo de 2024, cuando a título personal respondió a una denuncia de Janet Zulueta Curbelo realizada el día anterior en Facebook.

Janet Zulueta es madre de Laura Castillo Zulueta, una joven que falleció a las 25 semanas de gestación. Según denuncia de Janet, su hija fue maltratada en el hospital de Cordoví y su negligencia fue la causa de su muerte y la del bebé.

Ante la queja de Janet, el youtuber El médico publicó en una publicación de Facebook detalles de los procedimientos y cuidados que, según él, recibió Laura Castillo Zulueta en el hospital que dirige. A su detallada explicación adjuntó una imagen explícita de la cirugía a la que se sometió el paciente fallecido en un hospital distinto al suyo, “El Nacional”. La foto muestra el abdomen de Laura Castillo abierto, sus intestinos expuestos y agrandados.

Cordoví justificó el uso de la imagen porque constituía evidencia de la causa de la muerte y del diagnóstico realizado por los médicos del Hospital Hijas de Galicia que atendieron primero a la fallecida y quienes, según sus declaraciones, orientaron su traslado al Hospital Nacional. Un traslado al que, según Cordoví, la madre del paciente se opuso.

Más allá de los argumentos de Cordoví para justificar el uso de imágenes explícitas y detalles confidenciales sobre el procedimiento médico al que fue sometido el paciente, los comentarios que hizo a otros usuarios en su publicación demuestran que su principal objetivo no era defender a sus médicos ni a su institución (que tienen muchos métodos para hacerlo), sino exponer a la madre del paciente y denunciante, quien cree que debería ser encarcelada por “difamar a una institución médica cubana”.

En el Juramento de Hipócrates que aún hoy repiten los médicos cuando se gradúan, se lee: “Todo lo que he visto u oído durante la curación o fuera de ella en la vida ordinaria, guardaré silencio y lo mantendré siempre en secreto, si así fuera. No me está permitido”. dilo.”

El compromiso de confidencialidad no sólo abarca aspectos clínicos, sino también cuestiones relacionadas con la dignidad y el respeto al paciente. Pocos hechos son más contrarios a la dignidad y a la imagen de una persona que mostrarla como un “animal justo” exponiendo su cuerpo enfermo. Especialmente cuando se realiza sin el consentimiento del afectado o de su familia y sin que persiga una finalidad educativa, sino reivindicativa.

Inspirándose en el juramento hipocrático, muchos países han establecido leyes, códigos y decretos para garantizar la confidencialidad médica. Entre ellos destaca la Declaración de Ginebra adoptada por la Asociación Médica Mundial. La declaración reconoce expresamente que es una obligación guardar y respetar los secretos confiados a los médicos, incluso después de la muerte de sus pacientes.

Pero en el caso de Cordoví –por lo demás director de una institución de Salud– la ética médica sucumbe ante la necesidad de defender un modelo político y el sistema de Salud que éste sostiene. Cordoví parece ser un médico que entiende que antes de la lealtad al paciente siempre estará la lealtad al sistema que idolatra y que cree que debe defenderse a toda costa ante denuncias como las realizadas por Janet Zulueta. Denuncias que, además –sin poder afirmar su certeza en este caso concreto– resultan creíbles dada la evidencia contundente de la profunda crisis que vive el sistema de Salud cubano.

Gente como Cordoví cree que la crisis que él mismo ha reconocido se soluciona mandando a la cárcel a quienes muestran a través del dolor su descontento con el sistema. Si bien Cordoví solicita prisión para la madre de un paciente fallecido, es él quien puede y debe ser suspendido de su ejercicio profesional y enviado a prisión de acuerdo con las reglas del juego definidas por su “Revolución”.

El Código Penal –vigente desde diciembre de 2022 y utilizado para reprimir a quienes disienten del régimen que apoya Cordoví– establece en su artículo 393.1 que es delito divulgar o transmitir fotografías o vídeos de carácter personal o familiar sin el consentimiento del persona afectada si la finalidad es afectar su intimidad personal y familiar. El Código Penal también estipula que las sanciones por este delito son agravadas y pueden implicar penas de uno a tres años de prisión, multas de 300 a 1.000 cuotas o ambas si “la reproducción, difusión o transmisión se realiza en redes o medios sociales. comunicación social, tanto en sus espacios físicos como digitales.

Sin embargo, más allá de lo que establece el Código Penal, quienes conocemos el castrismo sabemos que en Cuba una madre en duelo puede ser reprimida mucho más rápido que un médico y “youtuber revolucionario” que rompe la ética médica más básica bajo el argumento de defender la Revolución y el sistema de Salud cubano.

Un médico que actúa así porque sabe que en Cuba esa actitud, más que reprimenda, implica aliento.

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