viaje al origen y corazón del Festival de la Leyenda Vallenata – .

viaje al origen y corazón del Festival de la Leyenda Vallenata – .
viaje al origen y corazón del Festival de la Leyenda Vallenata – .
El evento anual, que se realiza la última semana de abril, se ha convertido en un emblema colombiano. “Es nuestro escudo de salvaguardia ante el mundo”, dice Jorge Antonio Oñate, hijo de Jorge Oñate.
Hoy la fiesta es la expresión culminante de una historia centenaria que se fue tejiendo a lo largo del tiempo; un cúmulo de expresiones, encuentros, historias, anécdotas y luchas de un pueblo que superó las adversidades.

Y es que el vallenato, como señalan varios de los expertos consultados para este especial periodístico, es un canto a la tierra, a la mujer, a la amistad, a las costumbres, a la vida misma. “Es una música que no miente”, afirma Alfredo Gutiérrez, que junto a Nafer Durán son los dos únicos grandes juglares vivos.
En ese sentido se creó el festival. Todo sucedió en una fiesta en Aracataca, Magdalena, organizada por el maestro Rafael Escalona Martínez, en 1967, para Gabriel García Márquez. Asistieron Consuelo Araújo Noguera, la ‘Cacica’, y Alfonso López Michelsen, entonces gobernador del recién creado departamento del Cesar.

“Consuelo era una amante acérrima de la música vallenata, al igual que el expresidente Alfonso López Michelsen, al igual que Escalona y el primer jefe de prensa, Gabo”, afirma Nelson Bicenty, investigador de folklore y productor vallenato. “Surgió como una forma de llamado al país a concientizar sobre lo que estaba pasando en esta región”, continúa Julio Oñate.

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¿Quién hubiera pensado que a partir de una fiesta se crearía el festival vallenato más grande del mundo? —Exclama el ‘Mono’ Arzuaga mientras ve el río Tocaimo—. ¡Eran donde los grandes escribían versos enormes!

Una vez, en Villanueva, Cesar, Rafael Antonio ‘Toño’ Salas organizó una de las tantas fiestas que tenía en su vida y que disfrutaba reunirse con sus queridos amigos. Allí se encontraban varios vallenateros de la zona. En plena noche pidió llamar a una mujer de cabello negro llamada Matilde Lina. Salió al patio y la guió hasta la casa. Al entrar escuchó este verso: “Canto con la noche oscura, canto con la luna llena, y admiro la belleza de las mujeres llanas”.

Fue Poncho Cotes, uno de los grandes compositores. Cuenta la historia que ese día también estaban Alfonso Murgas, el ‘Mono’ Arzuaga y Leandro Díaz, quien a pesar de ser ciego, tenía una capacidad abismal para identificar lo que sucedía a su alrededor. Cantó sobre la naturaleza, la vida y la mujer.

 
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