Sean Baker cautiva con ‘Anora’ (****) y Christophe Honoré desanima y aburre con ‘Marcello Mio’ (**) – .

El director estadounidense cambia el habitual retrato de pobreza que ha dominado su cine por el de riqueza excesiva para construir una comedia romántica de desesperación

Sean Baker siempre lamenta nuestro puritanismo respecto al sexo (sexo en la pantalla) y nuestra permisividad con la violencia. Lo dice para exorcizar las recriminaciones por sus películas como ‘Mandarina‘ cualquiera ‘Cohete rojo‘, tanto sobre sexo, como sobre el mercado y sus trabajadores. Y lo dice para dar sentido a su propia mirada sobre los cuerpos, a la vez frontal y desnuda, pero rigurosamente ética (incluso moral). También dice que es consciente del riesgo que siempre corre al representar la pobreza en películas como ‘Proyecto Florida‘ y los otros. Todos ellos, de una manera u otra, abordan esa parte de la realidad que el cine y la propia sociedad esconden. Para los pobres. Poetizar la escasez a partir del privilegio es, en efecto, inmoral. Quizás por eso su última película, ‘Añora‘, vuelve, en su línea, a hablar de sexo, pero, y esta es la novedad, desde la perspectiva de los ricos, de los escandalosamente ricos.

Y el resultado roza el entusiasmo. Es comedia, pero duele. Es tragedia, pero siempre muy pegada a la piel de sus protagonistas, sin solemnidades. Deslumbrante sin duda y, a partir de ahora, en lo más alto de la competición de Cannes hasta el momento.

La película cuenta una historia muy conocida: ‘Cenicienta‘. Un día, una trabajadora sexual de Nueva York conoce al rico heredero ruso. Más que conocerlo, ella es su cliente. Una borrachera lleva a otra, una fiesta a otra y así hasta una boda salvaje en Las Vegas. Eso sí, hay que volver sobre los pasos y, en cuanto aparecen los padres, lo siguiente es anular el matrimonio.

Sean Baker demuestra una vez más su capacidad para hacer vibrar la pantalla con las vidas necesariamente desordenadas de sus personajes, siempre llevados al límite. mike madison el que vimos en ‘gritar‘, se exhibe en una de esas interpretaciones sin red que añaden precipicios al significado de la palabra riesgo. Pero nunca desde los gestos de lo inaccesible, sino desde la cotidianidad de lo más cercano, de lo esencial.

La estrategia de ‘Añora‘no es otra que leer al revés los lugares comunes que, a su manera, atraen la parte más conformista de la mirada. De hecho, no es un cuento de hadas sino su parte trasera. Y tampoco es una comedia, sino lo que viene después. El resultado no sólo es brillante, divertido, desconsolado y siempre enérgico. También es muy triste y muy hermoso. Todo a la vez. Lo contrario de lo que sabíamos sobre Sean Baker hasta ahora resulta ser lo más Sean Baker imaginable.

demasiado marcelo

A su lado, la decepción de la jornada se debió a la original y esperadísima propuesta de Christophe Honoré alrededor del mayor de los mitos. O uno de ellos. En plena celebración del aniversario de uno de los actores más originales e idénticos que jamás haya producido el cine, El director francés propone el experimento de hacer que la hija interprete para el padre. Chiara Mastroiani en Marcello Mastroiani en ‘Marcello Mío‘. Pero no sólo eso. Catherine Denueve interpreta también a la esposa de Marcello y a la madre de Chiara, que, de hecho, fue y es. Y a su alrededor, Fabrice Luchini, Nicole García, Melvil Poupaud, Benjamin Biolay… Es decir, cine que devora cine.

La idea no es otra que construir un extraño artefacto en el que los espejos se miran, creando esos bonitos laberintos que de vez en cuando nos regalan los ascensores. Presionada por la constante exigencia de estar a la altura de su padre, su hija decide transformarse en él. Ella no lo encarna ni lo imita ni le presta el sorprendente parecido de su rostro. No, la idea es ser él con todas las consecuencias psiquiátricas (todas malas) que conlleva el suceso.

Digamos la primera parte de la película, y mientras dure el efecto sorpresa,’Marcello Mio‘ Funciona e incluso, en un instante, te enamoras. Las citas de las películas del actor se reflejan en la mirada del espectador y, aunque sólo sea por nostalgia, le gusta. Pero pronto todo deriva hacia su propia deriva autocondescendiente y tan autosatisfecha que resulta desconcertante. Nada que decir del bonito y delicado trabajo de Chiara (lo único bueno). El problema es la falta de recursos de un guión y de una dirección ambas fascinadas por un punto de partida demasiado bueno. Demasiado Marcelo.

 
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