Gobierno de Javier Milei: la política fragmentada sigue eludiendo la crisis – .

Gobierno de Javier Milei: la política fragmentada sigue eludiendo la crisis – .
Gobierno de Javier Milei: la política fragmentada sigue eludiendo la crisis – .

Llama la atención la facilidad con la que la política cree haber hecho su aporte a la resolución de la crisis económica, sólo con la declaración legal de emergencia y un precario pacto fiscal. Todo el espectro opositor recita que con las Ley Bases el Presidente tiene todas las herramientas necesarias para salir del abismo. Y el propio Gobierno exageró tanto la condición fundacional de esta norma que alimentó la actitud acomodaticia de sus adversarios. En verdad, la transición hacia una normalización económica con el funcionamiento de las reglas del mercado apenas está comenzando.

Hay una pregunta que hay que hacerse para entender esta interacción lenta y reticente entre política y economía: ¿la crisis económica fragmentó la política o la política desencadenó la economía? No hay una respuesta unívoca.

Dependiendo de la perspectiva o del momento, uno de los términos de esta ecuación puede ser enfatizado con argumentos sólidos y razones válidas. Lo que sí es claro es que hay una relación defectuosa entre política y economía, que se ha vuelto constante –bien podríamos decir: sistémica– en la democracia argentina restaurada en 1983.

Javier Milei confía en su talento como economista para resolver este nudo gordiano y cree, con convicción mística, que sorprendió a la política (y seguirá haciéndolo) para obligarla a hacer los sacrificios que se niega a asumir para resolver la crisis.

A pesar de todo el poder que le otorga el voto, el presidente no concentra la suma de las palancas del sistema. Sólo dirige uno de los tres poderes constitucionales, actúa en clara minoría parlamentaria y está obligado a compartir la administración territorial con un cuerpo completo de gobernadores de diferentes convicciones.

Por lo tanto, surge otra pregunta, la que el sociólogo Marcos Novaro sugiere en un libro recientemente publicado: ¿Milei quiere gobernar solo o no tiene con quién cooperar?

Marcos Novaro, analista político.

Tras la aprobación de la Ley de Bases, la economía –el ámbito de pericia del Presidente – entró en nuevas turbulencias y el debate sobre el rezago cambiario y las etapas pendientes para el fin de la restricción del dólar se limitó a discutir la consistencia técnica del programa antiinflacionario.

Esto ocurrió pese a la evidencia de señales contradictorias enviadas desde la política a los mercados. Basta ver las imágenes que el propio Gobierno emitió. La asunción de Federico Sturzenegger como ministro se mostró como un síntoma claro del compromiso con el rumbo desregulador de la política oficial. Pero, al mismo tiempo, otro sector del gobierno se vio envuelto en un conflicto con un aliado como Mauricio Macri.

Ante la pregunta de Novaro, Macri debe estar preguntándosela, pero invirtiendo los términos: ¿Milei no tiene con quién colaborar o quiere gobernar solo? Javier Milei consiguió el apoyo de Macri –primero encubiertamente y luego explícitamente– para ganar la presidencia. Pero tras ganar, le quedó la fórmula presidencial completa de Juntos por el Cambio: Patricia Bullrich, autoridad del PRO, y Luis Petri, radical del distrito más sólido gobernado por la UCR. Las imágenes de la nueva fragmentación del PRO recordaron las típicas fricciones de comités en la UCR o los viejos congresos volcánicos del PJ.

Milei con Macri y Bullrich.

Pero la disputa de fondo, que es entre Macri y Milei, no debe interpretarse como una novedad más de personalidades en polémica. En realidad, los nombres son una circunstancia: el problema de fondo es la dificultad sistémica de la democracia argentina para alcanzar umbrales mínimos de cooperación política.

Como plantea Novaro, hay una fragmentación alentada por el sistema, que incentiva conductas especulativas en términos estratégicos. La cooperación sólo funciona con compromisos en cómodas cuotas, con pago previo en efectivo furioso. Esto es lo que le pide Milei a Macri, alentando la absorción del PRO; esto es lo que provoca la reacción de Macri, negándose a la cooptación.

Unidos o fragmentados

Si el problema es sistémico es porque se han consolidado normas que incentivan la fragmentación. Está en manos de Martín Menem y Victoria Villarruel coagular el drenaje de microbloques parlamentarios, y en las de Guillermo Francos cumplir la promesa de eliminar las primarias nacionalizadas de los partidos políticos.

Milei tampoco alienta políticas cooperativas dentro de su gabinete. Fue muy descriptivo al estratificar a los funcionarios: una mesa pequeña en la que sólo figuran su hermana Karina y el asesor Santiago Caputo; los talibanes que emiten votos, como él y Patricia Bullrich; los halcones como Luis Caputo (y ahora seguramente también Sturzenegger); y los dialogantes obligados a transigir con la realidad.

A este esquema habría que sumar un dato poco conocido sobre la gestión de Milei: su propensión a comprar proyectos “llave en mano”, como los que traen los despachos de abogados del sector privado. Un marco gris donde los mecanismos de control institucional miran con recelo.

En el caso de los gobernadores, hay pocas dudas sobre el interés de Milei en la cooperación política. Obligados a gestionar la escasez, los caciques territoriales ya se adaptaron al discurso de contradicciones indiferentes que Milei introdujo como novedad política. Así como Milei un día promete exterminar a los fiscales degenerados y luego hace un pacto con ellos, los gobernadores irán a firmar el “acuerdo de mayo-julio” y luego permanecerán cerca o lejos de la Casa Rosada, al ritmo intermitente de la algo por algo.

En ese marco de negociaciones específicas, Milei ha incluido la nominación de dos miembros para la Corte Suprema de Justicia y ha anunciado la intención de aumentar a nueve el número de integrantes de la corte. Estas negociaciones son seguidas lógicamente de cerca por los miembros de la Corte, pero eso no les impide mantener una adecuada posición institucional.

Ninguno de los cuatro magistrados asistirá a la reunión presidencial de esta semana. Ricardo Lorenzetti tenía previsto un viaje al exterior. Los otros tres siguen firmes en su convicción de su función jurisdiccional: resolver los conflictos que se susciten, a través de sus fallos y del control de constitucionalidad de las normas y actos estatales.

La Constitución no les obliga a firmar acuerdos.

Edgardo R. Moreno

 
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