La provincia de Huelva, un paraíso natural – .

La provincia de Huelva, un paraíso natural – .
La provincia de Huelva, un paraíso natural – .

Huelva/La provincia de Huelva, con más de 120 kilómetros de playas de arena blanca y fina, con más de 3.600 horas de sol al año y caracterizada –como ya señaló Sorolla- por su gran luminosidad, es un auténtico edén.

Hace más de 42 años, el Ayuntamiento de Cartaya me encargó la realización de un estudio sobre la viabilidad económica de la promoción turística de El Portil, trabajo que entregué puntualmente en 1982, bajo el título El Portil. Un paraíso natural para su promoción.

Ciertamente, había utilizado como base para este trabajo la experiencia personal que tuve en mis viajes a Londres (buscando documentación para mi tesis doctoral), donde pude comprobar la enorme cantidad de publicidad en las oficinas de la Rio Tinto Zinc Co. (en inglés Rio Tinto) sobre los vuelos turísticos programados durante todo el año desde Londres a Faro, para jugar al golf los fines de semana en el Algarve.

Era evidente que estos vuelos directos situaban a los turistas a poco más de dos horas de Londres en Faro en avión. Personalmente, el trayecto Huelva – Sevilla – Madrid – Londres me había llevado más de quince horas.

Aunque ya conocía el tráfico de los aeropuertos de Barcelona y Mallorca, obviamente, tras esta experiencia, me puse a estudiar enseguida el tráfico internacional del aeropuerto de Faro, que tras su última ampliación contaba ya con más de nueve millones de turistas al año. Tanto es así que, estando en la ría de Formosa, pude ver cómo aparecía un punto en el cielo y, antes de que se pudieran ver los rasgos de un avión, aparecía otro nuevo detrás de él, y así sucesivamente. El número de vuelos diarios era enorme.

Recuerdo que, unos años después, una tarde hablaba con el entonces cónsul portugués en Huelva, un hombre culto, de agradable conversación y con una clara visión de la creación y promoción de la riqueza. Me decía que Portugal tenía muy claro que para salir de su estancamiento había que invertir en infraestructuras y comunicaciones. Por ello, se planteaban conectar el norte con el sur mediante autopistas, emprender un ambicioso plan de puertos marítimos y deportivos, con sus correspondientes diques, y un amplio plan de aeropuertos internacionales.

Está claro que, desde el punto de vista económico, no hay mejor inversión para un país que las comunicaciones, tanto en un aeropuerto internacional, situado en la costa –lo más cerca posible de sus playas- como en conexiones de alta velocidad (con Madrid, en nuestro caso). Esta es la realidad de la demanda internacional que provoca el turismo a gran escala.

El secreto del turismo internacional no es otro que ofrecer vuelos rápidos, cubriendo grandes distancias entre aeropuertos en el menor tiempo posible. Estos argumentos también son aplicables a las comunicaciones internas, en nuestro caso, el AVE Madrid-Huelva.

Tanto es así que, recientemente, ante el propio efecto de la saturación, todos los medios de comunicación vienen destacando -como noticia- que las localidades receptoras quieren limitar urgentemente el número de turistas en sus localidades. Pero estas quejas no se dan solo en Londres o Venecia, sino que, a nivel nacional, este fenómeno se da en localidades como Mallorca, Menorca, Ibiza, Barcelona, ​​Málaga, e incluso en la propia Sevilla.

Por otra parte, este último fenómeno de masificación no es ajeno a los habitantes de este encantador edén, sino que desde antiguo la población onubense se ha dividido en dos grandes corrientes de opinión respecto a esta gloria de la naturaleza. Por un lado, los que desean seguir disfrutándola, tal y como es; y por otro, los partidarios de fomentar la creación de riqueza que crea el turismo internacional.

Una muchacha inglesa que veraneaba en los años 40 en las casas de los ingleses del RTC de Punta Umbría, en una bella historia, predijo que llegaría el día en que se construiría una carretera y se perdería ese edén o paraíso terrenal, haciendo referencia a una excursión que los ingleses hacían cada año a El Portil.

Sin duda llegará un día en que tendremos un gobierno con más visión e inteligencia que los que hemos conocido hasta ahora, para que se planteen cómo impulsar el turismo en este paraíso natural.

Lo que nos permite tener esperanza y fomentar una ilusión colectiva para todos los onubenses es la creencia en esta realidad y el convencimiento de que es un gran proyecto, al que debemos unir como uno solo para que cuando se lleve a cabo, que sin duda se hará, se desarrolle con el mayor éxito.

Las inversiones económicas no son el problema, ya que tanto la llegada del AVE como la de un aeropuerto con vuelos internacionales están más que justificadas. La relación entre inversión y rentabilidad es más que óptima: es posiblemente una de las más altas en términos de viabilidad. Además del beneficio que produciría para la exportación de frutos rojos, y otros muchos productos. E incluso para el movimiento de materias primas para la industria.

Como sostenía Schumpeter (economista austríaco), todo gran proyecto suele empezarlo un emprendedor pionero. Y en este caso había uno. José Mafe, un hombre que conocía los espacios aéreos –en la provincia– reservados por los americanos y la OTAN, e, igualmente, la existencia de corredores aéreos por donde se permite el paso de vuelos. Se puso manos a la obra con sus propios medios, compró la finca Pintado, en la zona de Gibraleón, el lugar ideal y posiblemente el único para un futuro aeropuerto, donde construyó una magnífica pista con su hangar. Tras su muerte en su propio avión, Huelva perdió a un gran hombre entregado a su proyecto y, como consecuencia de su muerte, al desarrollo de este hermoso proyecto.

Sin duda, los grandes proyectos requieren de gobiernos capaces de ejecutarlos. La necesidad de contar con un complejo industrial en el Puerto de Huelva que hubiera supuesto, en aquellos años, un auténtico complejo minero-metalúrgico y que hubiera originado una revolución agrícola, fue desarrollada en 1867, y publicada en 1870, por el ingeniero de minas Ignacio Gómez de Salazar (presidente de la Comisión de Visita a las Minas de Riotinto en 1867), dentro de una lucha encarnizada entre liberales (defensores de que el Estado privatizase vendiendo todas las fuentes de riqueza) y conservadores (amantes de que las fuentes de riqueza fueran mantenidas y explotadas directamente por el Estado) y por el contrario, no se acometió hasta que, con el gobierno de los tecnócratas, se impulsaron los Polos de Promoción y los Polos de Desarrollo Industrial en la década de los sesenta del siglo pasado (prácticamente casi 100 años después). Empezando, en nuestro caso, por el conocido Polo de Promoción Industrial de Huelva, aprobado por decreto de 30 de enero de 1964.

 
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