Reforma del sistema político, una oportunidad decisiva – .

Reforma del sistema político, una oportunidad decisiva – .
Reforma del sistema político, una oportunidad decisiva – .

MACARENA LETELIER

Los ciudadanos esperan de sus autoridades una actuación razonable, conforme a derecho y, en la medida de lo posible, previsible. No se trata de una mera aspiración romántica, sino que salvaguarda la democracia, asegura la gobernabilidad y, frente a la actuación de la administración, se traduce en lo que en derecho público conocemos como principio de confianza legítima. Aunque el desarrollo de la materia se ha producido en este ámbito, ¿podemos salvaguardar este principio frente a los órganos colegisladores?

Hoy existe una necesidad urgente reconocida por la gran mayoría de sectores: reformar el sistema político. Más de 20 partidos con representación en el Congreso, 25 creados y una decena en formación no se corresponden con la cantidad de personas que se identifican con esos proyectos. El porcentaje de militantes es inferior al 4% del padrón electoral y la fragmentación del poder trae consigo inestabilidad, falta de acuerdos y un alto nivel de desconfianza hacia la política.

“El desafío es avanzar con incumbentes que probablemente influyan en sus votos, en un período electoral y en tiempos de personalismos que van más allá de la mirada colectiva”.

Los dos procesos constituyentes, y el trabajo de comisiones ad hoc de distintos sectores, han concluido en la necesidad de emprender cambios básicos en el sistema. Entre ellos, el umbral de personería jurídica de los partidos, la pérdida de escaños para quienes renuncien a su partido y la fijación de elecciones parlamentarias para la segunda vuelta presidencial. Así las cosas, un cambio en el sistema parece razonable y previsible, tal como lo anunció el presidente Gabriel Boric en su última cuenta pública, cuando encargó al ministro Secretaría General de la Presidencia, Álvaro Elizalde, buscar un acuerdo para esta reforma, que ya había anunciado en el Enade.

Los anuncios de la máxima autoridad del país son importantes y sobre todo condicionan la confianza, tanto al interior del país como en el exterior, de quienes ven a Chile como un polo de inversiones. Las personas toman decisiones de todo tipo confiando en la estabilidad de las resoluciones del Estado en su concepción amplia y global, que incluye la labor de los parlamentarios aun cuando muchas decisiones puedan afectarlos.

La confianza legítima se expresa así en la necesidad de los ciudadanos de sentirse respaldados por la certeza de la ley y en el deber de la autoridad de actuar de manera previsible cuando los diagnósticos son claros y compartidos. En este caso, hay una decisión del Ejecutivo de avanzar y un respaldo real que abre una ventana de oportunidad para que la reforma del sistema político se haga realidad.

El reto ahora es avanzar con incumbentes que muy probablemente condicionarán votos muy necesarios para otros proyectos, en época electoral y con personalismos que se anteponen a una visión colectiva. El país necesita y merece fortalecer la confianza rota que, por un lado, hace muy difícil la gobernabilidad de quien esté en el poder, independientemente de la coalición; y, por otro, poco o nada ayuda al desarrollo y crecimiento de una nación que requiere de certezas, acuerdos, estabilidad y confianza.

 
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