Adicciones, diversidad sexual y de género – .

Adicciones, diversidad sexual y de género – .
Adicciones, diversidad sexual y de género – .

Cuando se trata de atención a las adicciones, las personas LGBTIQ+ no se sienten apoyadas, comprendidas o incluso consideradas.

Las personas LGBTQI+ que consumen drogas también tienen derecho a buscar ayuda. Sin embargo, muchos países aún penalizan las relaciones entre personas del mismo sexo y la violencia y la discriminación siguen siendo comunes. – Foto de Alexander Grey en Unsplash

Por el equipo editorial – Según la Declaración Universal de Derechos Humanos, “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. Pero, lamentablemente, esta igualdad como idea es una quimera en la vida cotidiana. En particular, las personas que disienten de la orientación sexual y de género normativa siguen enfrentándose a la estigmatización social, la violencia e incluso la criminalización por ser quienes son: personas que se identifican como lesbianas, gays, transgénero, bisexuales, intersexuales y queer (LGTBIQ+).

Pero ¿por qué? Esto se debe a una cultura heteronormativa que tiende a oprimir y marginar las expresiones de género y las formas de sexualidad percibidas como no conformes con la norma y, por lo tanto, desviadas.

Este marco mental y cultural donde la heterosexualidad se percibe como “normal y natural” fomenta un sistema en el que las personas LGTBIQ+ son discriminadas en el matrimonio, el empleo, la fiscalidad y el acceso a los servicios sanitarios, por ejemplo, en flagrante violación de sus derechos fundamentales. Peor aún, esta cultura heteronormativa hegemónica fomenta actitudes estigmatizadoras hacia estas minorías sexuales, actitudes que en sí mismas contribuyen a menudo a las dificultades psicológicas a las que se enfrentan. La cultura heteronormativa abre la puerta al ejercicio de la violencia desde las expresiones más simbólicas (por ejemplo: chistes LGTBIfóbicos) hasta las más alarmantes, como los crímenes de odio y los ataques a miembros del colectivo.

El peso de la estigmatización

El estigmatización Las actitudes estigmatizadoras, creencias y estereotipos negativos que se tienen hacia las personas que se identifican como parte de este grupo denominado personas LGBTIQ+. A pesar de los importantes avances logrados desde la década de 1980 en el reconocimiento de los derechos de las disidencias sexuales y de género, estas actitudes estigmatizadoras y, en muchos casos, estos actos de violencia persisten en su contra.

Si el peso de la estigmatización ya es importante en los países que reconocen los derechos de las personas LGTBIQ+, ¡imagínense el nivel de rechazo y odio que despiertan en los casi 69 países que aún penalizan las relaciones homosexuales!

La estigmatización puede manifestarse de diversas maneras. Por ejemplo, existe el estigma internalizado o autoestigma, que se produce cuando las personas internalizan actitudes y creencias negativas sobre su orientación sexual, expresión o identidad de género, lo que puede generar sentimientos de vergüenza y odio hacia sí mismas. También existen todas las formas de estigma institucional que pueden conducir a un trato desigual o incluso a la marginación de las personas LGBTQI+, especialmente en la educación, el empleo y los servicios de salud.

Salud mental y consumo de sustancias

A lo largo de su vida, las personas LGBTIQ+ se enfrentan a situaciones de estrés, discriminación y violencia de todo tipo, con un impacto negativo en su salud mental. Las investigaciones han demostrado, por ejemplo, que las personas lesbianas, gais y bisexuales tienen mayor riesgo de sufrir un episodio depresivo mayor y el doble de probabilidades de intentar suicidarse que aquellas cuya sexualidad es exclusivamente heterosexual. Los estudios también han demostrado que este deterioro de la salud mental se debe en gran medida a la violencia física y/o verbal a la que están especialmente expuestas estas personas.

Además, debido a su impacto en la salud mental de las personas LGTBIQ+, estos estresores también incrementan su riesgo de recurrir al consumo de sustancias como estrategia de afrontamiento y, por tanto, de padecer trastornos por consumo de sustancias. De hecho, la prevalencia del consumo de sustancias es especialmente elevada entre las personas de la diversidad sexual, debido en parte al estigma y autoestigmatización que sufren y a la invisibilidad de sus realidades, por tanto a la ausencia de una prevención adecuada y específica.

Acceso a servicios de adicciones

Las investigaciones muestran que las personas LGBTQI+ que consumen drogas y tienen problemas con su consumo tienden a evitar buscar apoyo de diferentes servicios o proveedores de atención debido a experiencias previas o anticipadas de discriminación.

Además del estigma y la discriminación que sufren, existen otros muchos obstáculos, como la falta de formación y sensibilización de los equipos profesionales de adicciones (y del resto de servicios sanitarios en general) sobre los problemas y realidades de las personas LGTBIQI+; el bajo nivel de conocimiento de sus realidades o la falta de especialización de los equipos; la falta de proveedores y servicios de tratamiento especializados; la falta de modelos de intervención que den respuesta a sus necesidades específicas; y el uso inadecuado del lenguaje y de la comunicación verbal o no verbal por parte de los profesionales.

Todos estos obstáculos provocan que las personas LGTBIQ+ que consumen drogas no se sientan acompañadas, apoyadas ni consideradas en el ámbito de la atención a las adicciones y en los servicios sociosanitarios en general. Como resultado, las personas no buscan la ayuda que necesitan o, las pocas que lo hacen, no permanecen hasta finalizar el tratamiento.

Un enfoque interseccional es esencial

La atención a las personas afectadas de este colectivo requiere un enfoque integral que tenga en cuenta los obstáculos a los que se enfrentan, así como sus necesidades específicas y diversas. El enfoque interseccional permite tener en cuenta los ámbitos múltiples e interrelacionados de discriminación a los que se enfrentan las personas LGTBIQ+ que consumen drogas, especialmente en lo que respecta al acceso al empleo, a la vivienda y a la atención sanitaria, pero también a su situación legal o judicial, sus dificultades económicas o su origen étnico, entre otros aspectos.

Por último, aunque en este breve artículo nos hemos referido a la población LGTBIQ+ en su conjunto, conviene recordar que es imprescindible tener en cuenta y reconocer las múltiples experiencias y realidades de los individuos que la conforman. Cada letra LGTBIQ+ representa una realidad distinta y un abanico de necesidades único.

Por ello, en el ámbito de las adicciones en particular, es crucial promover un modelo de intervención inclusivo, capaz de atender las necesidades de todas las personas, en espacios seguros donde las personas puedan expresarse sin ser estigmatizadas ni discriminadas.

 
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