¿Por qué las empresas se embarcan en el desarrollo sostenible? – .

¿Por qué las empresas se embarcan en el desarrollo sostenible? – .
¿Por qué las empresas se embarcan en el desarrollo sostenible? – .

“Si logramos nuestros objetivos de sostenibilidad, pero nadie nos sigue, habremos fracasado”. Esta sencilla frase la pronunció hace unos años el famoso empresario holandés Pablo PolmanPionero en responsabilidad medioambiental corporativa, se ha convertido en una especie de profecía autocumplida que marca el tono del panorama europeo actual.

Miles de empresas se suman cada año a la revolución verde, que no sólo está transformando radicalmente los hábitos de consumo de los ciudadanos, sino también el modo en que las organizaciones estructuran sus procesos internos y desarrollan su cadena de producción.

El impacto de esta industria transversal en nuestro país es innegable. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), las actividades vinculadas a la protección del medio ambiente y la gestión de los recursos naturales generan alrededor de 30.000 millones de euros al año, lo que supone un 2,30% del PIB nacional.

El sector emplea a más de medio millón de familias en España y va camino de ser incapaz de satisfacer su propia demanda dentro de cinco años: un informe de la Comisión Europea estima que en 2030, y pese al enorme crecimiento que experimentaremos, habrá unos 50.000 empleos verdes sin cubrir dentro de nuestras fronteras.

El escenario plantea certezas tangibles a partir de las cifras, pero también un puñado de preguntas que a muchos nos asaltan al contemplar el comportamiento de un mercado que avanza como un tsunami. ¿Por qué la ola sostenible sube tan rápido?

La primera causa probablemente esté relacionada con un efecto disuasorio vinculado a la voluntad institucional global. Los marcos regulatorios y las normas ambientales se están implementando agresivamente en distintas regiones del planeta.

Organismos como la ONU y la UE marcan el ritmo de las mismas, apoyados en estrictos protocolos que restringen las emisiones y exigen acciones sostenibles. Para las empresas, cumplir con esto no solo evita sanciones, también abre la puerta a beneficios fiscales y subsidios gubernamentales de diversa índole.

Sin embargo, afirmar que la única motivación de las organizaciones es cumplir la ley sería una simplificación excesiva. La conciencia medioambiental ha experimentado un importante auge en la sociedad, impulsado por los propios consumidores.

Un ejemplo de ello es la llamada Generación Z –1995-2005–, que emergió como uno de los segmentos más influyentes de la población y priorizó el compromiso sostenible en sus decisiones de compra. Las marcas, sin duda, ven en eventos como este una oportunidad a explotar comercialmente.

Esta última idea alimenta un principio ya bien asentado en el mercado global y que tiene mucho que ver con el aspecto económico: la rentabilidad puede dispararse cuando una empresa, además de sus servicios, vende una filosofía de trabajo que impacta positivamente en la sociedad.

Así lo demuestra, por ejemplo, un reciente estudio de la consultora estadounidense Gartner, que revela que el 69% de los CEOs ve la sostenibilidad como un polo de inversión beneficioso que además emerge como una de las principales oportunidades de crecimiento en 2024.

Otro estudio publicado por el Foro Económico Mundial también indica que las empresas con estrategias sostenibles bien definidas y publicitadas tienden a atraer más inversión, tanto pública como privada, que aquellas que no las tienen.

En un escenario más inmediato, tenemos indicadores que apuntan en la misma dirección. Un informe de la Red Española del Pacto Mundial –entidad que agrupa a más de 2.000 empresas nacionales– concluye que el 94% de las empresas del IBEX-35 están desarrollando acciones encaminadas a impulsar la economía circular y reducir su huella de carbono, entendiendo que estos objetivos también pueden tener un impacto positivo en sus resultados.

El concepto de economía circular está muy en boga estos días a través de algunos modelos de financiación alternativos que están cambiando muchos paradigmas. Fórmulas como la arrendamiento o el alquiler Se presentan como herramientas imprescindibles para promover una cultura productiva en la que el valor de los equipos y bienes industriales se mantenga en el mercado el mayor tiempo posible, relegando el modelo tradicional de consumo basado en “comprar, usar y tirar”.

Por todo ello, el compromiso sostenible dejará pronto de ser algo opcional o exclusivamente condicionado a determinados fines filantrópicos. El futuro industrial europeo está viviendo una vertiginosa revolución verde que marcará la diferencia en los próximos años, también para lograr ventajas competitivas duraderas en un mercado global en tensión.

Las organizaciones destinadas a ascender en el ranking fortalecerán su ADN corporativo en base a objetivos medibles que traduzcan los compromisos ESG en acciones concretas. Así, la batalla empresarial que se avecina se librará cada vez menos en el terreno del producto y más en el del ecosistema que lo rodea.

Ignacio Aguirreche SchaafsmaDirector ejecutivo de Tiampe

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