Las ganancias se restablecen cuando hay una mayor brecha social – .

Los últimos datos sobre desigualdad en Argentina muestran una ampliación de las brechas. La difusión oficial de los datos fue simultánea a la aprobación de la reinstauración del impuesto a las Ganancias, una carga que es progresiva. Esta semana estaría lista la reglamentación y alrededor de un millón de trabajadores volverán a pagarlo. Aún falta un sistema tributario más integral como el propuesto en el Acta de Mayo.

El coeficiente de Gini es el indicador clásico que se utiliza para medir la distribución del ingreso. Su valor va de 0 (máxima igualdad) a 1 (máxima desigualdad). En lo que va del siglo, la mayor desigualdad reportada por el INDEC se produjo en 2003, tras la megadevaluación de 2002, con un coeficiente de Gini de 0,53. Luego, con el gran boom internacional, los ingresos de la población aumentaron y su distribución mejoró, reduciéndose el coeficiente de Gini a 0,43 en 2011. A partir de 2012, se mantuvo estable en un nivel de desigualdad de 0,43.

La consultora Idesa señala que esta tendencia –que de por sí es preocupante si tenemos en cuenta que, por ejemplo, en Europa el coeficiente de Gini es de 0,28– se rompe en el primer trimestre de 2024 cuando el Indec reporta un aumento significativo de la desigualdad. El coeficiente de Gini subió repentinamente a 0,47. Este salto es el más alto observado en los últimos 30 años en un trimestre.

¿Qué factores explican semejante aumento de la desigualdad? Para responder a la pregunta hay que partir de la inflación, que entre el cuarto trimestre de 2023 y el primero de este año fue del 63%. Según el Indec, en el mismo período se observa que los ingresos de los hogares de clase media (el 20% de los que tienen mayores ingresos) aumentaron un 63%, es decir, no salieron perdiendo frente al aumento de los precios.

Durante este período, los ingresos de los hogares de clase media-baja (40% del segmento de ingresos medios) crecieron 44%, lo que implica una pérdida real frente a la inflación de -12%, y los de los hogares pobres o casi pobres (40% de los ingresos más bajos) crecieron 37%, lo que implica una pérdida real por inflación de -16%.

La consultora sostiene que estos datos muestran que la desigualdad aumentó porque los hogares de menores ingresos tuvieron menor capacidad para defenderse de la aceleración de la inflación. Lograron aumentos en sus salarios, pero por debajo del crecimiento de los precios. En cambio, los ingresos de los hogares de clase media tienden a acompañar mejor la inflación. Existen mecanismos, por ejemplo, los convenios colectivos para empleados formales, que les permiten proteger mejor sus salarios de la inflación. La diferente adaptación a la aceleración de la inflación explica el aumento de la desigualdad.

“El sistema tributario no contribuye a mejorar la distribución del ingreso”, advierte e ilustra que un caso muy ilustrativo es el de los asalariados de altos ingresos. Las contribuciones a la seguridad social se descuentan hasta cierto límite (2,3 millones de dólares) y, como consecuencia de la reforma de septiembre de 2023, solo comienzan a pagar impuesto sobre la renta a partir de 15 salarios mínimos (3,5 millones de dólares). Esto significa que alguien que gana un salario mínimo sufre un descuento de 17% en su remuneración, mientras que alguien que gana 15 salarios mínimos tiene un descuento de 11%. Lo mismo ocurre con más de 100 mil jubilados que ganan por encima del límite de jubilación (1,4 millones de dólares) y tampoco pagan impuesto sobre la renta.

Una diferencia importante entre Argentina y los países desarrollados –que aplican el impuesto a las ganancias de manera muy intensiva– es la cantidad y calidad de los servicios que ofrece el Estado. Mientras en los países desarrollados las familias gozan de sistemas públicos de educación, salud, seguridad y transporte de calidad, en Argentina las familias de ingresos medios destinan una parte importante de su presupuesto familiar a pagar la escuela privada, la medicina prepaga, la seguridad privada y el mantenimiento de uno o más automóviles particulares. Esto legitima la renuencia a pagar el impuesto a las ganancias.

Para Idesa, “la resistencia al impuesto a la renta personal es una actitud egoísta que lleva a cargar con mayores sacrificios a la población más vulnerable. El camino correcto es simplificar y unificar los impuestos fortaleciendo el impuesto a la renta. También debe incorporarse el principio de correspondencia fiscal para que las provincias y sus municipios no reciban impuestos por coparticipación sino directamente del contribuyente. De esta manera, rendirán cuentas, lo que mejorará la calidad de los servicios públicos”.

 
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