La gente mediocre nos roba hasta el optimismo – Opinión – .

La gente mediocre nos roba hasta el optimismo – Opinión – .
La gente mediocre nos roba hasta el optimismo – Opinión – .

El presidente Peña, que dedica gran parte de su informe anual a reprochar a su antecesor, y el técnico Garnero, que nunca admitió su fracaso en la Albirroja, son ejemplos de este tipo de individuos.

“El hombre mediocre no conoce nada superior a sí mismo”, dice en un relato el cerebral Sherlock Holmes, un detective creado por el escocés Arthur Conan Doyle, fallecido un día como hoy, 7 de julio, pero de 1930. Esta frase del personaje literario describe a quienes son incapaces de asumir sus responsabilidades.

En el caso de Santiago Peña, quienes votaron por él como Presidente de la República lo hicieron precisamente para remediar los males que heredó, y no para quejarse de la herencia que recibió. Bastan las quejas del pueblo.

Quienes conocen los líos internos del oficialismo, aseguran que las acusaciones y alusiones negativas al expresidente Abdo fueron una orden de Quincho. Pero más allá de las miserias intravenosas del neocoloradismo, si bien hubo porciones de autocrítica de Peña en aspectos de su gestión, él mismo se esforzó en atacar al gobierno que su movimiento interno defendió cuando debió haberlo golpeado. El movimiento ahora en el poder fue cómplice de lo ocurrido en el quinquenio 2018/2023.

Lo que se espera es que este gobierno sea parte de las soluciones y no de los problemas de los ciudadanos. A casi un año de mandato, por ejemplo, el drama de los enfermos de cáncer se ha agravado por la desatención del Estado en la dotación de medicamentos.

De igual forma, el transporte público sigue en mal estado, al punto que el viceministerio correspondiente está más preocupado por los intereses de los “empresarios” que por los de los ciudadanos.

En otro escenario de ese “valle de lágrimas” está la selección de fútbol que rompió récords de ridículo en la Copa América. El técnico Daniel Garnero ignoró las lamentables derrotas en medio de un discurso infantil y arrogante. Nunca se asumió como el conductor del naufragio. Por supuesto, había dicho que se sentía capaz de dirigir el Titanic. Y el equipo que dirigió terminó, como el Titanic, en el fondo… de la clasificación.

Pero Garnero, aunque era el máximo líder del equipo, tenía más culpa que su petulancia. Por encima de él tenía un equipo directivo mediocre y por debajo, jugadores que acabaron siendo tan mediocres como su entrenador y sus directivos.

Los mediocres del Ejecutivo, del fútbol, ​​del Congreso, de la justicia, de todos los ámbitos de este empobrecido país, a pesar de su potencial, son tan persistentes en sus acciones y en su vanidad que terminan robándonos lo que nunca debemos perder: el optimismo.

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