De Bunbury al debate municipal

La secuencia es más que favorable a los intereses de la alcaldesa: concierto de Bunbury, inicio de las obras de derribo de la Portería Sur del estadio de La Romareda y celebración del debate sobre el estado de la ciudad. Habitualmente convocado en los últimos diez años entre los meses de noviembre y diciembre, este gran debate se entiende bajo la doble vertiente que implica la rendición de cuentas de quien gobierna y la visualización de la crítica que ejerce la oposición. Las ventajas que tiene Natalia Chueca en la decisión sobre la fecha, además del efecto engañoso que acompaña a estas jornadas de verano, residen en la oportunidad de presentar como un gran mérito la acción del pique sobre el viejo estadio y en el hecho de enfrentarse a una oposición socialista inmersa en una severa falta de tono político y sobre la que aún no se vislumbra ninguna reactivación. Puede tener sentido separar el debate sobre el estado de la ciudad de las negociaciones presupuestarias que se abordan en los últimos meses del año (ésta es competencia del alcalde), pero nunca está de más abrir la puerta a la oposición para negociar un calendario.

La falta de un discurso reconocible por parte del PSOE, un problema que no es exclusivo del ayuntamiento de Zaragoza, está permitiendo que Chueca proyecte una imagen de camino claro en su gestión diaria y que el debate público aparezca excesivamente discreto. El Partido Popular reconoce ‘sotto voce’ lo fácil que ha sido para ellos este primer año de Gobierno -sin grandes enfrentamientos y sin un contrapeso fuerte e incómodo-, circunstancia que ha otorgado al equipo de gobierno la confianza necesaria para expresarse con abierta confianza.

«El Partido Popular reconoce ‘sotto voce’ lo fácil que ha sido para ellos este primer año de Gobierno municipal»

El filósofo Javier Gomá, en su libro de conversaciones con Pedro Vallín (‘Verdades penúltimas’), recuerda una frase de Isaiah Berlin que afirma que “darse cuenta de la validez relativa de las propias convicciones y, sin embargo, defenderlas resueltamente es lo que distingue a un hombre civilizado de un bárbaro”. La duda puede acompañar a muchas de las decisiones municipales, pero sin oposición y con una devota sintonía con el Gobierno de Aragón, parece que no hay cuestionamiento de los propios discursos. Tanto es así que las fronteras de Zaragoza se han quedado pequeñas a ojos del partido popular. Ahora, se desea el refrendo de Madrid y se busca el apoyo de lo nacional como si con ello se concediera mayor validez a lo doméstico. No hay nada nuevo en mirar hacia Madrid. Todos los políticos aragoneses con un mínimo peso han buscado sentirse escuchados en la capital, aunque pocos han conseguido ser lo suficientemente influyentes como para condicionar políticas y presupuestos.Como explica Gomá, no hay que olvidar que “una cosa es la respetabilidad que conlleva ocupar una posición social, otra es la influencia social y, finalmente, otra es el prestigio”.

El reto para Zaragoza no es el mismo que el de Madrid o Málaga, ciudad que se ha convertido en un ejemplo a seguir para el municipalismo del PP. La oportunidad para la capital aragonesa pasa por conseguir una personalidad y un atractivo que, de entrada, impida la imparable fuga de talento y juventud que año tras año lleva al AVE hacia destinos con mejores oportunidades.

El debate sobre el estado de la ciudad tiene un significado complejo que no es otro que el de delinear con más detalle el proyecto diseñado por Chueca para Zaragoza. Pensar en una estrategia que simplemente permita superar el proceso no ayudará al alcalde.

 
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