Así funciona la “mafia” de la papa en Cuba

Así funciona la “mafia” de la papa en Cuba
Así funciona la “mafia” de la papa en Cuba

La papaun alimento esencial en la dieta cubana, se ha convertido en un bien escaso durante todo el año. Este tubérculo, cuya demanda es alta entre la población, sólo está disponible formalmente a través de la libreta de oferta en pequeñas cantidades y con calidad variable durante la temporada de cosecha.

La distribución estatalLas micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes), los cuentapropistas y el mercado negro son los actores económicos involucrados, pero es en este último donde la oferta de papa es más constante, aunque a precios prohibitivos para el trabajador cubano promedio. .

En el mercado negro, la libra de papa tiene un precio entre 150 y 200 pesos, dependiendo de su calidad. Hay varias formas de adquirirlo: por pedido, realizado a través de redes sociales y con entrega a domicilio por un costo adicional, o a través de vendedores furtivos en la calle, que operan bajo el riesgo constante de ser descubiertos por policías o inspectores, lo que podría resultar en severas multas.

Un análisis publicado por la organización no gubernamental Food Monitor Program preguntó de dónde proviene la papa que se vende en el mercado negro y si el Estado es el único autorizado a importarla, producirla y comercializarla en el país.

La respuesta está en una compleja red de corrupción y desvío de recursos que involucra a diferentes actores del sistema de distribución estatal, afirmó la ONG en un artículo publicado este martes en su sitio web.

La papa en Cuba tiene dos orígenes: la importación y la producción nacional, ambos estrictamente controlados por el Estado. Sin embargo, una vez que el tubérculo ingresa a la red de distribución nacional, se activa una red de corrupción que se extiende por todo el país.

Tenderos, transportistas, operadores de agromercados estatales y ciudadanos comunes y corrientes son parte de esta red corrupta. La merma natural del producto se utiliza como excusa para justificar las toneladas de patatas que desaparecen en la cadena de distribución.

Desde las grandes tiendas mayoristas hasta las granjas comunitarias, el desvío de recursos es frecuente. Los sacos de patatas se desvían y venden ilegalmente a estibadores y conductores durante el transporte.

En las placitas, los administradores prefieren recibir las entregas los sábados por la tarde para aprovecharse de la corrupción, ya que los domingos no abren y los lunes justifican la pérdida con papas en mal estado, permitiendo la venta ilegal de las bolsas restantes.

Los revendedores minoristas son el último eslabón de esta cadena de corrupción. Estos personajes, formados en años de negocios ilegales, cuentan con los contactos necesarios para garantizar un suministro constante de patatas. Operan en mercados agrícolas locales y en algunos puntos estatales, vendiendo papa en sus casas o a domicilio a través de las redes sociales. Los más poderosos tienen distribuidores que venden el producto en pequeñas cantidades a precios desorbitados.

El mayor perdedor es el ciudadano común, que no puede acceder a patatas a precios asequibles. Más allá de las responsabilidades individuales e institucionales, la raíz del problema está en las políticas agroalimentarias colectivistas y la falta de incentivos para la producción de alimentos en Cuba.

El sistema totalitario no tiene respuestas efectivas a estos problemas, ya que una verdadera apertura económica socavaría sus propios fundamentos sociopolíticos. El hambre y la escasez en Cuba se han convertido en fenómenos cotidianos, haciendo evidente la necesidad de un cambio estructural para solucionar esta crisis alimentaria.

El Programa Monitor Alimentario considera evidente que el derecho a la alimentación ha sido utilizado como instrumento de dominación en Cuba desde la incorporación de la libreta de abastecimiento en marzo de 1962.

Partiendo del supuesto de que la mayor intervención del Partido-Estado eliminó el poder de agencia de los ciudadanos, transformó sus prácticas alimentarias, controló su tiempo y gestionó su vida privada, sus expertos señalan que la promesa de la llamada “revolución” de garantizar derechos sociales y económicos, como la alimentación, se pagó con la resta de derechos civiles y políticos.

Programa Monitor Alimentario pretende deconstruir el mito de la soberanía alimentaria en Cuba, desmantelando las justificaciones del bloqueo y evidenciando su instrumentalización política. Además, pretende contribuir a evitar que estos modelos sigan promoviéndose en la región y sirviendo como forma de desmantelar la democracia y el Estado de derecho.

 
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