Julio César y Cicerón, consejeros

Julio César y Cicerón, consejeros
Julio César y Cicerón, consejeros

«Es una crítica a los políticos que tenemos: ni azules ni rojos, ni de izquierdas ni de derechas, a todos en general», cuenta Gonzalo Campos Suárez de su última obra de teatro.

Lo hace a pocos metros del Teatro Romano de Málaga porque la obra se titula ‘Alea iacta est’ y tiene a Julio César y a Cicerón como protagonistas, rescatados del inframundo para convertirse en asesores políticos de nuestros días.

«Me encanta Aristófanes y en su obra ‘Las ranas’ cuenta el descenso de Dionisos al Hades en busca de un comediógrafo, porque el teatro en Atenas va fatal; me parecía una premisa ideal para, partiendo de ella, escribir una obra con aire ‘aristofánico’ pero totalmente original», cuenta este médico, cuentista y dramaturgo, Premio Ciudad de Málaga de Teatro 2021.

A su lado se encuentra el conocido ilustrador malagueño Ángel Idígoras, que ha ilustrado esta obra, editada por etclibros. Como explica, es la primera vez que ilustra la trama de una obra de teatro y lo ha hecho con un sistema de trabajo por el que «iba ilustrando según leía» y por medio de una tableta.

El dramaturgo y el ilustrador, cuentan, ya habían hecho un primer intento para trabajar juntos en una obra anterior de Gonzalo Campos titulada ‘Aristócratas’, pero no pudo ser por falta de tiempo del dibujante.

«Para este encargo tenía todavía menos tiempo, porque tenía tres encargos más», explica Ángel. En todo caso, lejos de hacer mutis por el foro se puso a la tarea y el resultado es un maridaje perfecto entre texto y dibujos con una clave muy especial, ya que en esta obra conviven los personajes de la Roma clásica con políticos de nuestros días: «La única recomendación que me dio Gonzalo es la de que los políticos modernos se parecieran a dos actores malagueños muy conocidos», detalla.

Los dos artistas, con el texto de la Lex Flavia Malacitana detrás. / ÁLEX ZEA

El secreto se puede desvelar: «Son dos actores de comedia formidables con una gran comicidad, Paco Pozo y Antonio Navarro; cuando les enseñé alguna ilustración se han partido de risa», recuerda Gonzalo Campos.

El dramaturgo, hijo del escritor Antonio Campos Reina, ha querido que este retorno de Cicerón y el divino Julio al barro político no esté exento de tono crítico: «El teatro de alguna manera es denuncia, un teatro que no transmita absolutamente nada tampoco tiene mucho sentido. No tiene por qué ser un teatro panfletario pero sí con esa idea de denuncia, la que tengo cada vez que escribo una obra».

Como recuerda, el gusanillo por las tablas se lo empezó a transmitir su madre, con quien acudía de niño al Teatro Cervantes. «La primera obra que vi fue ‘Todos eran mis hijos’ de Arthur Miller. Mi madre me seducía con una pizza previa en La Romántica».

El género teatral no sólo le gusta por vivirlo desde niño, también porque escribir teatro se adapta a su ritmo de vida: «Por el poco tiempo libre que tengo es un género que me gusta mucho y que va con mi profesión».

Por su argumento, ‘Alea iacta est’ puede representarse tanto en el Teatro Romano que Ángel y Gonzalo tienen a la espalda como en un escenario de nuestros días.

Eso sí, el autor tiene los pies en el suelo: «Producir teatro, con el dinero que cuesta es algo inasumible para la mayoría. La salida del teatro a través de la lectura es lo más natural», recalca. y se muestra esperanzado porque se está empezando a resquebrajar ese «muro» que impide a tantos lectores leer teatro.

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Para Ángel Idígoras, el ilustrar una obra de teatro le recuerda al cómic y sobre todo al cine. La suerte está echada para los dos autores. Se levanta el telón y comienza, claro, ‘el partido’.

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