Gobernanza regional y descentralización en Chile – .

Gobernanza regional y descentralización en Chile – .
Gobernanza regional y descentralización en Chile – .

El 29 de abril, nuestro Centro para el Desarrollo Integral de los Territorios (CEDIT), lanzó el primer Índice de Calidad de Gobernanza Regional en Chile. Los resultados de este índice han despertado el interés de los ciudadanos, generando mucha discusión, especialmente en las regiones. Asimismo, el Índice ha recibido críticas, algunas de ellas publicadas en este medio, las cuales celebramos. Primero, porque la duda y la desconfianza informada son la base del aprendizaje y el conocimiento, y también, porque la crítica contribuye al objetivo fundamental del Índice: resaltar la importancia de la gobernanza regional para el desarrollo de los territorios de Chile, promoviendo una discusión en todos de ellos sobre cómo mejorarlo. En esta columna queremos responder a dos aspectos de la discusión: primero, de manera general, una respuesta a algunas preguntas metodológicas sobre el Índice de Gobernanza y, segundo, qué implican sus resultados para el actual proceso de descentralización.

En cuanto a la metodología y el cuestionario utilizado para su construcción, en nuestro documento de presentación explicamos que estamos siguiendo la metodología de medición de la gobernanza regional utilizada en Europa, citando las respectivas fuentes. Esta metodología se valida de la única manera que se validan las metodologías en la academia: con todas sus limitaciones, con publicaciones en revistas especializadas, con revisión por pares ciega. Esta metodología ha sido publicada varias veces, desde hace más de 10 años, en diversas revistas académicas especializadas.

En las publicaciones citadas se pueden revisar las preguntas de la encuesta y los detalles técnicos de la construcción del índice, e incluso información para descargar las bases de datos utilizadas (encuestas). Asimismo, el gobierno de la Unión Europea ha adoptado esta metodología para medir la gobernanza regional en sus estados miembros. Esta transparencia de métodos y datos permitió estimar el Índice de Gobernanza chileno con 119 mil encuestas europeas junto con las 4 mil que nuestro centro realizó en Chile.

Pero ir más allá de la defensa ad hominem De la metodología podemos compartir que sigue el mismo enfoque con el que se mide otro aspecto subjetivo y crucial de las sociedades: la felicidad. Para medir ambos se utilizan herramientas de aprendizaje automático o aprendizaje automático. En primer lugar, se identifican aspectos o dimensiones que definen la gobernanza (en este caso, eficiencia de los gobiernos locales, probidad, estado de derecho y participación ciudadana) y se proponen variables observables que se correlacionan con dichas dimensiones. Luego, utilizando técnicas de análisis de grupos de aprendizaje automático, se verifica que las variables identificadas estén agrupadas según lo hipotetizado. Una vez validados estos grupos, se extrae la información común que tienen las variables de cada grupo, utilizando otra técnica de aprendizaje automático, el análisis factorial. Como cualquier metodología, está sujeta a críticas, incluidas algunas que también tenemos, pero argumentar que no mide realmente la gobernanza sería, en nuestra opinión, incorrecto.

Algunos también han notado la forma en que se realizó la encuesta, afirmando que hubiera sido deseable un muestreo aleatorio. No hay duda de que, en teoría, la técnica de muestreo deseable es el muestreo aleatorio, pero dados los costos prohibitivos de implementarla de manera efectiva en la práctica, muchos encuestadores prestigiosos (incluido IPSOS, la empresa que realizó nuestras encuestas) han migrado al uso de otras técnicas. . Basta observar las últimas encuestas presidenciales en Chile y otros países para notar que no hay superioridad de las encuestas supuestamente probabilísticas y las realizadas con otras técnicas de muestreo no aleatorio con post-estratificación, como se hace en nuestro estudio.

Pero la pregunta subyacente para apoyar una crítica del muestreo debe basarse no en una crítica de la variabilidad impuesta por el método, sino en algún posible sesgo implícito asociado con la técnica de muestreo. No vemos este sesgo y, por lo tanto, el uso de estas técnicas de muestreo no probabilístico está aumentando en Chile y otros lugares. Además, incluso con técnicas no probabilísticas podemos estimar la incertidumbre asociada con nuestro índice de gobernanza, y podemos decir con toda la confianza que brindan los métodos estadísticos que Atacama tiene la peor calidad de gobernanza regional en Chile.

También ha habido una duda más fundamental con respecto al Índice, lo cual sería erróneo porque no mide la verdadera gobernanza, ya que el Índice se basa en percepciones y éstas podrían “no ser reales”. Es importante entender que la gobernanza es, por definición, una medida subjetiva, como la felicidad. La mayoría de los indicadores de gobernanza, como los del Banco Mundial y Transparencia Internacional, por nombrar algunos de los más prestigiosos, se basan en mediciones de percepciones. Por ejemplo, la corrupción no se puede medir objetivamente. Consideremos el caso en el que objetivamente se descubren pocos casos de corrupción: esto puede deberse a que hay poca corrupción o hay tanta que está normalizada.

Asimismo, tomando un ejemplo de nuestro Índice, los ciudadanos de la región de París (Francia) y Valdivia perciben que la educación pública es de calidad equivalente. Sería difícil argumentar que los aspectos materiales y objetivos de dicha educación, como las bibliotecas, los pupitres y las aulas, son de calidad equivalente. Sin embargo, los ciudadanos insertos en un entorno, con disímiles recursos materiales y humanos disponibles y su gestión, evalúan la calidad de la educación de manera similar. En este sentido, podemos decir, por tanto, que las percepciones son la verdadera medida de la gobernanza.

Finalmente, ha habido mucha discusión sobre la relación entre la gobernanza y los gobiernos regionales. De hecho, nuestro informe destaca este aspecto. La gobernanza mide la calidad del contexto político e institucional en el que se implementan las políticas públicas en las regiones. En este aspecto, los ciudadanos, el Gobierno Central y los gobiernos locales juegan un papel central, y los gobiernos regionales son sólo un actor incipiente. Por lo tanto, una estimación de una gobernanza regional débil no es un argumento para cuestionar ni a los gobiernos regionales ni al actual proceso de descentralización. Nuestro centro cree firmemente que una buena descentralización es esencial para mejorar la gobernanza de las regiones en Chile.

Cuando hay mayor autonomía, los ciudadanos pueden intervenir más directamente en las políticas públicas para que se adapten mejor a las especificidades regionales. También facilita una mayor supervisión ciudadana de los gobiernos locales y puede ayudar con la rendición de cuentas (responsabilidad) de burocracias y gobiernos locales.

El índice de gobernanza regional no es una amenaza al actual proceso de descentralización, sino que, por el contrario, es un instrumento para contribuir a mejorar estos procesos, dándonos una instantánea actual de la gobernanza regional, y señalando dónde hay deficiencias y dónde Son regiones más avanzadas. Pero, estrictamente hablando, es sólo un termómetro. Para completar el diagnóstico y prescribir el tratamiento es necesario estudiar y conocer las realidades locales. Son discusiones y estudios que deben realizarse en los territorios, evitando la receta homogénea que emana del centro y que ignora la notable variabilidad regional que revela nuestro índice.

 
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