El promedio de nacimientos por mujer sigue disminuyendo – .

En continuidad con la difusión de los resultados del Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2022, el Indec publicó este mes un informe ampliado sobre los niveles de fertilidad en Argentina. De sus datos se desprende que en Córdoba hay 1.032.596 mujeres entre 14 y 49 años, que el 56,5% de ellas tenían hijas e hijos nacidos vivos y que, en promedio, cada mujer tenía 1,3 hijos. En 2010 esa cifra había sido 1,4.

Del más de un millón de cordobesas encuestadas, 583.523 son madres y de ese total 177.863 tienen un hijo, 207.682 tienen dos y 197.978 tienen tres o más. Esto demuestra que el 30% de los niños que nacen vivos en Córdoba son hijos únicos, es decir, casi uno de cada tres.

En comparación con otras jurisdicciones, Córdoba tiene el promedio de hijos por mujer más bajo del país después de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que tiene 0,9. Comparte posición con Neuquén y Tierra del Fuego, la Antártida y las Islas del Atlántico Sur. En el otro extremo se encuentran Santiago del Estero, Misiones y Formosa con el promedio más alto de 1,7 hijos por mujer de 14 a 49 años.

A nivel nacional los valores no son muy diferentes, ya que de 12.382.860 mujeres argentinas entre 14 y 49 años, el 57,5% tuvo hijas e hijos nacidos vivos y cada mujer tuvo un promedio de 1,4 hijos. De esta forma, la tendencia a la baja en el número medio de hijos por mujer continúa a medida que avanzan los años censales: en 2001 había sido 1,7 y en 2010 era 1,5.

Censo 2022. Uno de cada tres niños que nacen en Córdoba es hijo único. (La Voz / Archivo)

Desde hace algún tiempo, las cifras reflejan una tendencia sostenida a tener cada vez menos descendencia y a que las familias estén compuestas principalmente por padres con un solo hijo. Además, las proyecciones indican que esta curva descendente continuará en el futuro.

Teniendo esto en cuenta, cabe preguntarse cuáles podrían ser las consecuencias de ser una población compuesta en su mayoría por hijos únicos, algo que ya ocurre en países como China, Canadá y algunos de la Unión Europea.

Un giro no necesariamente negativo

Con el paso de los años, la sociedad se ha transformado, dando paso a nuevas funciones, deseos y proyectos de vida de los sujetos. Como consecuencia, disminuye el predominio de la “familia típica” y ganan lugar configuraciones familiares diferentes y más diversas.

“Si como sociedad avanzamos hacia familias con hijos únicos, creo que el cambio no será necesariamente negativo. Seguramente habrá un tiempo de ajuste y adaptación normal como en todo cambio cultural o social y lo importante es que durante este proceso el foco esté en la autonomía y no pensar en la soledad como algo malo”, remarcó a La voz la licenciada en psicología Cecilia Taburet (MP 5760).

Para el profesional será crucial criar a estos hijos únicos y que los padres pongan su principal esfuerzo en enseñarles a construir vínculos fuertes y duraderos con otros como familiares y amigos.

“Lo importante es ayudarlos a no crecer como seres solitarios sino incentivarlos a desarrollar sus habilidades sociales. Además, será fundamental transmitirles desde el principio que ser hijo único no es una desventaja, acostumbrarlos a compartir, a tolerar las frustraciones y a tener confianza en sí mismos para desarrollar su vida”, añadió Taburet.

Respecto a los mitos, prejuicios y “estigmas” sociales en torno a las características y comportamientos de los hijos únicos, muchas veces calificados de egoístas, caprichosos, introvertidos o egocéntricos, la terapeuta destacó el lugar de la ciencia y cómo ésta ha desmentido estas ideas. .

“Muchos estudios han demostrado que ser hijo único no determina estas cualidades negativas. En muchos casos ni siquiera se observan diferencias entre los niños que tienen hermanos y los que no. Es por eso que estos comportamientos no deben generalizarse y así evitar determinismos y estereotipos inamovibles. Se evidenció que los hijos únicos tienen tendencia a entretenerse, pero esto no es algo negativo en sí mismo”, afirmó.

Familia con un solo hijo (Imagen ilustrativa)

Como posible dificultad, señaló que toda esa atención paterna en ocasiones puede ser excesiva y llevarlo a necesitar cumplir con las expectativas de su entorno o ser captado en una imagen idealizada. “Si esto no es evidente y elaborado, puede generar consecuencias en la vida adulta, como la sobreexigencia y la necesidad de aceptación”, advirtió.

Como posible dificultad, señaló que toda esta atención de los padres puede en ocasiones ser excesiva y llevar al niño a necesitar cumplir con las expectativas de su entorno o ser plasmado en una imagen idealizada de sí mismo. “Si esto no es evidente y elaborado, puede generar consecuencias en la vida adulta como la sobreexigencia y la necesidad de aceptación”, advirtió.

Para concluir, destacó la importancia de quitarle el “tinte negativo” al hijo único y de ser una persona caprichosa o con dificultades sociales y centrarse en la crianza, los cuidados y los límites.

Otra información relevante

Además de presentar indicadores de fecundidad por grupo de edad y por jurisdicción, el informe del Indec también recopiló estos datos según el nivel educativo alcanzado, la cobertura de salud, el estado de actividad económica y el grupo poblacional. En este sentido, cabe mencionar algunos datos relevantes de estos apartados.

Del total de mujeres de 14 a 49 años con secundaria incompleta, el 84,6% tenía hijas o hijos nacidos vivos. Este porcentaje disminuye a medida que se avanza en el nivel educativo: del total de quienes tienen nivel superior completo o incompleto, el 64,6% tuvo hijos nacidos vivos.

Al enfocarse en la asistencia escolar, 42 de cada 100 mujeres de 14 años con hijas e hijos respondieron que no asistieron a un establecimiento educativo en 2022. Ese número se reduce a 4 de cada 100 en mujeres de la misma edad que declaró no tener hijas e hijos nacidos vivos.

Por otro lado, las mujeres entre 14 y 19 años que tienen hijas e hijos nacidos vivos tienen una mayor participación en la actividad económica que aquellas que no las tienen. En cambio, esta relación se invierte entre las mujeres que tienen entre 20 y 49 años.

Cuando se analiza la fecundidad por grupo poblacional, las mujeres afrodescendientes tuvieron un promedio de 1,4 hijos; mujeres extranjeras, 1,8; y mujeres indígenas, 1.9.

Otro dato importante a resaltar es que el porcentaje de mujeres adolescentes (entre 15 y 19 años) con hijas e hijos nacidos vivos tuvo una disminución del 50% respecto al año 2001: pasó del 12,4% ese año al 13,1% en 2010 y al 6,4%. % en el último censo.

 
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