Un nombre propio para el descaro › Mundo › Granma – .

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De regreso a Buenos Aires, después de asistir a una fiesta en Madrid de la extrema derecha española –el partido Vox–, el presidente argentino Javier Milei dijo: “El león ha vuelto, surfeando sobre una ola de lágrimas socialistas. ¡Viva la libertad, maldita sea!

Allí en España, donde revolvió en su propia salsa, con la ultraderecha liderada por Vox, sus ofensas contra la esposa del presidente del Gobierno y el propio Pedro Sánchez dejaron un ambiente enrarecido y tóxico que acabó con el regreso a Madrid de El embajador de España en Argentina.

No sorprende lo ocurrido, viniendo del gobernante electo, quien llegó al poder con una motosierra como símbolo de su decisión de “cortar” todo lo que representa al Estado, principalmente los programas sociales y las empresas.

El frenesí privatizador y el recorte de empleos ha llevado a miles de compatriotas a las calles, y las protestas en las plazas, aunque enfrentadas por la Policía, dicen suficiente de lo que está provocando.

Ya había mostrado su inclinación por el espectáculo mediático, los memes y las declaraciones poco diplomáticas en febrero, en la Conferencia de Acción Política Conservadora, celebrada en Maryland, Estados Unidos. uu., cuando arremetió contra el presidente colombiano, Gustavo Petro, a quien acusó de estar “hundiendo” a su pueblo, y lo definió como “una plaga letal para los propios colombianos”.

Anteriormente, en plena campaña electoral, en 2023, había calificado al presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, de “comunista y corrupto”, al tiempo que dejó clara su simpatía por Jair Bolsonaro.

Semejantes pifias traen oscuros recuerdos de ese gran país, que entre 1976 y 1983 sufrió una cruel dictadura que asesinó a más de 30.000 personas, y aún hoy, 41 años después, madres y abuelas de Plaza de Mayo buscan a hijos y nietos desaparecidos.

También en la memoria quedan gobiernos como el de Carlos Menem, entre 1989 y 1999, caracterizado por la privatización masiva de empresas estatales y los ajustes económicos conocidos como “corralitos”, entonces el peor símbolo del neoliberalismo; o como el de Mauricio Macri, entre 2015 y 2019, que convirtió literalmente a la Argentina en prisionera del Fondo Monetario Internacional.

Lo cierto es que en el respiro que representaron para esa sociedad gobiernos progresistas como los de los Kirchner (Néstor, de 2003 a 2007, y Cristina Fernández, de 2007 a 2015), hubo borrón y cuenta nueva con quienes la derecha mantenía las riendas.

Lamentablemente, como una condena cíclica, el neoliberalismo puro y duro se representa en el país austral, con nombres que son superados en descaro, al punto de perder la capacidad de asombro en muchos de quienes observan desde afuera.

 
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