La Córdoba de Llaryora, camino del partido único – Rincón de la Política Economía – Opinión – .

La Córdoba de Llaryora, camino del partido único – Rincón de la Política Economía – Opinión – .
La Córdoba de Llaryora, camino del partido único – Rincón de la Política Economía – Opinión – .

Podría ser en el Kempes, algún día que no haya empezado. Se podría realizar una ceremonia de bautismo colectivo. Un pelopincho en el medio donde Martín Llaryora, ahora sumo sacerdote, bautiza a todos los radicales, macristas y barriales que se están convirtiendo al peronismo.

Ahora, 10 alcaldes y líderes comunitarios acaban de cambiarse de camiseta. Asumieron como radicales o algún otro integrante de Juntos por el Cambio, pero ahora se convirtieron en llaryoristas. Son los alcaldes de Pilar, Tanti, Sebastián Elcano, Huerta Grande, General Roca, Sacanta, La Rinconada, Sitio de Castro, Santa Elena y Las Rabonas.

Se suman a una ya larga lista de políticos de oposición que se borocotizaron a cambio de un cargo y oficinas burocráticas en las que ubicar a sus activistas, colaboradores y/o familiares. Uno de los primeros fue el macrista Orlando Arduh, quien ahora trabaja desde el Ministerio de Gobierno para atraer más conversos como él. La vicegobernadora Myriam Prunotto era radical hasta que Llaryora la cooptó, al igual que Javier Pretto, que era macrista y ahora es vicealcalde de Córdoba capital. Otros dos destacados son los ministros Liliana Montero y Juan Pablo Quinteros, quienes han usado más camisetas que Sebastián Abreu hasta que les pintó la camiseta de Llaryora. Tienen una sola convicción pero muchos principios.

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Maldita sea, los funcionarios llarioristas dicen que este es sólo el primer lote; Ya tienen lista otra hornada de intendentes. Por eso será necesario el Kempes para el bautismo. Con familiares, amigos, activistas e invitados adinerados invitados a la ceremonia, cualquier otro lugar sería demasiado pequeño.

Es tan normal que, cuando hablan del operativo, prácticamente se denuncian: extraoficialmente, los llaryoristas dicen que son alcaldes que “quieren llevar soluciones a sus localidades”. Entonces sí: se cambian de camiseta porque, si no, quedan fuera del reparto de subvenciones y obras que realiza Llaryora, que tal vez quiera convertirse en el Gildo Insfrán de la otrora orgullosa Córdoba.

La glotonería del poder tiene su correlato semántico. Incluso está cambiando el significado del concepto de Partido Cordobés, ayudado por periodistas que siguen su ejemplo. Partido Cordobés designó un partido abstracto, el 75% de los cordobeses que han votado por radicales, juecistas, macristas, por supuesto peronistas como De la Sota o Schiaretti y en las últimas elecciones por Milei, con un significado siempre similar: contra del populismo. que subsidia el conurbano y el norte y sur del país, a favor de la democracia, la República y la independencia de la Justicia y contra la inflación y los impuestos discriminatorios.

Pero ahora Llaryora llama a su partido Partido Cordobés, ese régimen hegemónico que está armando con conversos y con los recursos del Estado para que la alternancia democrática deje de existir en Córdoba y el poder se concentre en sus manos exclusivas.

Sí, los Kempes no estarían mal. Llaryora puede autorizarse a utilizarlo para el bautismo colectivo. A este paso no quedará nadie en Córdoba que se atreva a cuestionarlo.

 
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