Reseña de “Postales de Angostura”, de Julio César Blanco Rossitto, de Alberto Hernández – .

Julio César Blanco Rossitto ha escrito Postales de Angosturaun libro donde la región fluvial se muestra como una imagen en constante cambio.

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Cada movimiento del río es una imagen que establece en el ojo la fotografía que lo descifrará, mantenlo atento cuando pasa sigilosamente junto a la ciudad, por el callejón mientras pasos humanos aligeran una especie de marea celestial.

Y para entender lo que piensa el río es necesario recurrir a la poesía. Hay una ciudad al sur de un mapa que linda con la ribera de un arroyo. Es una serpiente que encuentra consuelo en su silencio, en su permanente viaje. El momento de mirar hacia la otra orilla es estrecho. La pulsación de su movimiento, el de las aguas, es instantánea, cercana al latido del corazón de quien la mira.

El río es el gerundio de esa ciudad, como de muchas otras en el mundo.

Postales de Angostura: colección de poemas que muestra al lector los diferentes matices de la ciudad pero también los del río.

Angostura se frota contra el agua. El agua viaja con la ciudad como si tuviera memoria, como si llevara sus costumbres, verdades y ensoñaciones. Angostura es un nombre de medida, de mirada cercana, de ir y venir de un lugar a otro en poco tiempo, gracias al tiempo que el río también inventa con los personajes que habitan la ciudad.

Por eso, Julio César Blanco Rossitto ha escrito este libro donde la región fluvial se muestra como una imagen en constante cambio: Postales de Angostura: colección de poemas que muestra al lector los diferentes matices de la ciudad pero también los del río. Esta ciudad es un río que la habita.

Postales de Angosturade Julio César Blanco Rossitto (AlfaGuaro, 2024). Disponible en el sitio web de la editorial.

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Publicado por Ediciones AlfaGuaro en su serie Poesía, Postales de Angostura Es un refugio verbal que invita a viajar, es decir, a estar en una ciudad que se recorre mientras el río la roza, la toca, la acaricia, y desde esa constancia, desde esa permanencia, las casas, la iglesia, la memoria de un héroe fusilado, la herencia familiar, la infancia, el vientre urbano, el puente, la piedra sagrada, la del medio y las que bordean un mismo río, un lenguaje que lame incansablemente la historia de un lugar que nunca deja de ser llamado. También la memoria del padre, las ventanas, las puertas, el tiempo y sus historias, la muerte, el centro de la ciudad, el interior de su espíritu, un recuerdo de García Lorca, la lluvia. Es decir, el todo que se convierte en ciudad y río en un par de sensaciones: nacer en Angostura significa llevar contigo toda la historia y los secretos de un lugar lleno de luces y sombras, ríos y selvas, voces y ecos, poemas y poesía, historias y cuentos. En definitiva, Angostura es una postal multiplicada, un disco donde cada detalle es un poema, un enjambre de voces que aumentan el caudal del río.

Que sea el Orinoco, esa serpiente líquida, que habla, tiene la primacía de su presencia en Angostura. La ciudad existe gracias al río, pero el río –ahora– es la misma ciudad acuática, derramada como patrimonio, como memoria, como marca perenne, en movimiento.

El río siempre será la serpiente que muerde el barro del tiempo en Angostura.

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“En las casas el tiempo se detiene / se oxida en las orillas del muelle…” dice el poeta, y lo expresa mientras el río se acumula lentamente en la mirada, para luego convertirse en postal, revelación pública.

Y, en efecto, son las casas devastadas, temporales, hechas de largos años, de siglos, casas que los hombres a caballo vieron pasar, pero siempre permanece el mismo río, aunque Heráclito persevera en su dicho: aunque el agua cambie de color, el clima y hasta de nombre, el río siempre será la serpiente que muerde el barro del tiempo en Angostura.

Quien se acerque a su orilla podrá decir:

Algunas tardes solíamos apaciguar
la canción donde dormían los delfines
después del sacrificio

La infancia está ahí frente a la impertinencia del río, frente a su audacia, su terquedad e insistencia, el mismo que pule la roca, el del medio, el de las orillas, el que hace decir a Blanco Rossitto. :

Una piedra embriaga
Una piedra toca y forma un río.
una piedra de vela

El río entra en la ciudad con el recuerdo de quienes allí habitan. Desde lo alto de la iglesia, desde el amarillo intenso de sus muros, desde el niño que recuerda:

caza de sombras
busco mi infancia
entre la pomarrosa de los mangos
Una época de colibríes
maceró el lagar de los profetas
adorado…

Tiempo, siempre tiempo: el río es su medida, su caudal calculado sin descanso. Y la ciudad en su lugar, impávida, sacudida por los vientos de la selva.

La ciudad:

El polvo de los planetas
durmió sobre sus ruinas

(…)

Crecí en tus paredes
oxidado al sol

(…)

la saga de héroes

(…)

el embrión de la guerra…

La historia pesa mucho.

Y un nombre: Piar. El héroe negado, el que fue fusilado… El que fue pegado a una pared y sacrificado.

Una tarde
su cabello mojó las cenizas del rifle

Y el río lo sabía. La ciudad lo sabía.

Tanto el río como la ciudad crecen juntos. Se vuelven uno. Angostura es río y calles, una historia de guerras y sangre.

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El ojo de piedra vibra en el agua (durante las horas de oscuridad
Yo hago crecer esta ciudad
a orillas de un río habitante…

La metáfora anima al personaje. Tanto el río como la ciudad crecen juntos. Se vuelven uno. Angostura es río y calles, una historia de guerras y sangre. Pero también es la imagen del pasado lejano. Sobre la tierra, en sus montículos, en sus tumores rocosos está la mirada de quienes la recrean:

Piedras adormecen huevos de dinosaurio
lamiendo la crema fuera del agua

Y luego, llegado el momento, el puente, el cruce de hierro y acero, el animal inerte que se deja ir y venir por su espalda. Superar el río y sus mensajes.

Sucede que quien pasa mira:

Flotas en el río
pez ciego del tiempo

(…)

una serpiente de ensueño

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El lugar es sensible y sensible para quienes lo habitan, quienes lo han vivido. Allí la familia, la casa sola, las contraventanas y ventanas que dan cuerpo al hogar. Los recuerdos, la magia, la infancia, en definitiva:

…el puchero de los elfos
cuando juegan bajo el agua

El tiempo sigue siendo una constante, por eso hemos vivido en Angostura, hemos viajado con la imaginación, hemos visto pasar el río mientras deja su estela de profundidad. Y alguien que muere, como muchos, como todos. Y un homenaje. Y Lorca sumergido en el eco, y en la imagen de una “piedra de sangre”. Lluvia, el trópico absoluto definido en “Agua de polvo de piedra (…) hacia el Delta equinoccial”.

Hay muchísimos testimonios de la ciudad, que lleva el río en su vientre. Tanta casa solitaria. Mirada incansable en movimiento:

Un río de ojos recorre el espacio

Angostura es también una “ciudad de los horrores”.

Tanto cielo amontonado, tanto tiempo en la corriente, en las paredes, en las palabras.

Aquí las postales de Angostura se han convertido en poesía.

Poeta, narrador, periodista y pedagogo venezolano (Calabozo, 1952). Reside en Maracay, Aragua. En 2020 fue designado miembro correspondiente de la Academia Venezolana de la Lengua por el estado Aragua. Tiene un posgrado en literatura latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar (USB) y fue fundador de la revista Umbría. Ha publicado, entre otros títulos, los poemarios La burla del musgo (1980), Amazonas (1981), Última instancia (1989), Párpado de insolación (1989), ojos exteriores (1989), Nortes (1991), Intentos y exilio (mil novecientos noventa y seis), Bestias de superficie (1998), Poética del sinsentido (2001), En boca ajena: antología poética 1980-2001 (2001), tierra de donde soy (2002), El poema de la ciudad. (2003), El cielo cotidiano: poesía en tránsito (2008), Galina Gates (2010), Los ejercicios del delito (2010), Stravaganza (2012), Ropa (2012) y 70 poemas burgueses (2014). También ha publicado libros de ensayo. Nueva crítica al teatro venezolano (1981) y Notas para la liebre (1999); los libros de cuentos Fragmentos de un mismo recuerdo (1994), letras cortas (1999), Virginidades y otros desafíos (2000) y historias fascistas (2012), la novela La única vez (2016) y los libros de crónica Valles de Aragua, la región visible (1999) y cambio de sombra (2001). Dirigió el suplemento cultural Contenido, Del periódico El pequeño periódico (Maracay), donde también se desempeñó como director, secretario editorial y editor de la Fuente Política. Publica regularmente en Crear en Salamanca (España), en Cervantes@MileHighCity (Denver, Estados Unidos) y en diferentes blogs de Venezuela y otros países. Sus ensayos y escritos literarios han sido publicados en periódicos. El Nacional, lo universal, Últimas noticias y El Carabobeño, entre otros. Parte de su obra ha sido traducida al inglés, italiano, portugués y árabe. con la novela El nervio poético Ganó el XVII Premio Transgenérico de la Fundación para la Cultura Urbana (2018).

Sus textos publicados antes de 2015
12 • 104 • 119 • 189 • 208 • 209 • 210 • 211 • 212 • 213 • 216 • 217 • 222 • 224 • 225 • 226 • 227 • 242 • 259 • 284 • 290 • 297 • 299
Ciudad de Letralia: Crónicas del olvido
Editorial Letralia: Libertad de expresión, poder y censura (coautor)
Editorial Letralia: Las nubes pasajeras (poemas para Japón)
Editorial Letralia: Doble con hielo. 18 años de Letralia (coautor)

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