Gonzalo Juanes en Canal de Isabel II, fiel al Cantábrico y a sí mismo – .

Madrid, 27/05/2024

Si Afal, el grupo fotográfico almeriense, no era en sí mismo un colectivo artístico al uso, dado que sus integrantes no unieron ningún manifiesto y cada uno mantuvo su propia sensibilidad a lo largo de su trayectoria, optaron por mirar su entorno con libertad y muéstrelo a la luz de su propia perspectiva: es posible que el más independiente de todos fuera Gonzalo Juanes. El resto (Joan Colom, Gabriel Cualladó, Paco Gómez, Ramón Masats, Oriol Maspons, Xavier Miserachs, Paco Ontañón, Leopoldo Pomés, Alberto Schommer, Pérez Siquier, Ricard Terré y Julio Ubiña) defendieron en mayor o menor medida la modernidad, la especificidad de medios artísticos y la conveniencia de la creación utilizando los lenguajes de su época y llevando al espectador a reflexionar sobre su propio tiempo, aportando imágenes que respondieran a una experiencia directa de la vida, pero fotografiaba fundamentalmente por placer lo que le interesaba y dejando que su Las imágenes se filtran entre los cielos nublados del norte.

El año pasado se cumplió un siglo de su nacimiento en Gijón, este año se cumplió una década de su muerte, y ahora podemos visitar, en la Sala Canal de Isabel II de la Comunidad de Madrid, por donde han pasado muchos de aquellos autores, una Exposición comisariada por Chema Conesa que se centra en la fidelidad –veremos cuán estricta- que mantuvo hacia sus propios gustos y motivaciones: experto industrial en una multinacional (Masats fue el primero que pudo vivir de la fotografía, pero el resto de los artistas citados mantuvieron sus respectivas carreras paralelas en la mayoría de los casos), practicó un trabajo sin ataduras y sin relación con ningún fin comercial, abierto a sus intereses culturales y a su amor por el paisaje, y defendió la idea de que las imágenes podían ser el resultado de la actividad intelectual de su autor en una época en la que, de manera general, eran concebidas como una obra ligada a un virtuosismo técnico sin discurso, a una captación de lo real sin interpretación.

Esa elección de caminos siempre personales, de una propia voz En palabras de Conesa, le llevó a dejar de lado -y regresar cuando así lo decidiera- el omnipresente blanco y negro de los años cincuenta para optar por el color, que le permitió captar las montañas asturianas y sus vecinas con una mayor riqueza de matices. , en momentos fugaces de evidente lirismo en muchos casos. En la planta baja de esta sala podemos ver un pequeño homenaje a Kodachrome: la prensa de la época empezó a publicar imágenes en color, por su mayor amplitud tonal, como medio fundamental para contar la actualidad en una época en la que la televisión no existía. aún disponible. no estaba, en modo alguno, generalizado.

Gonzalo Juanes. El muelle, Gijón1965

El hecho de que no buscara la proyección pública, y que la cámara no fuera su profesión, no implica que Juanes se considerara un fotógrafo aficionado: ya en la treintena, en una de las reveladoras cartas a Pérez Siquier que se pueden leer en este exposición, afirmó sentir una fotógrafo integral: Me siento fotógrafo en todo momento. Llevo bastantes años haciendo fotografía. Casi nunca me dediqué a actuar en salones; He preferido –satisfacerme a mí mismo antes que a los demás– seguir caminos que creo más correctos. Esos caminos a los que se refería estaban lejos de ser propósitos grandiosos; creía en la sencillez y la apariencia modesta de las imágenes.

Este autor llegó a Madrid procedente de Asturias en 1952, debido a su profesión de experto, y fue en la capital donde se inició en este arte, en gran medida de la mano de Gabriel Cualladó, quien le proporcionó libros de fotógrafos internacionales y de la Bauhaus que le permitieron adquirido en sus viajes; También conoció aquí a su esposa, Isabel Asensio, que aparece en algunas de sus mejores fotografías. Su alejamiento del esteticismo académico pronto lo acercó al citado grupo Afal, del que formó parte desde sus inicios en 1956; A este colectivo, sin una posición política clara pero sí impulsor de una fotografía diferente, moderna y abierta a las corrientes internacionales, le debemos en gran parte el acercamiento de esta disciplina en nuestro país hacia discursos individuales, más o menos críticos, y en todo caso distante del lenguaje de lo pintoresco. Le escribió Juanes a Pérez Siquier que El subjetivismo es fundamental en el manejo de la herramienta objetiva que es la imagen fotográfica. ¿y? Lo difícil es gestionar la imagen objetiva con personalidad, con talento, de forma subjetiva, y eso se le da a muy pocos.

Gonzalo Juanes. Gijón, agosto1966

En esa búsqueda de subjetividad y de una mirada individual, como decíamos, dejó de lado el blanco y negro cuando no lograba obtener las sutilezas lumínicas que buscaba; Cuando lo retomó lo utilizó durante unos años, ya en los años noventa y con la colaboración de un profesional que le ayudó con las copias finales. Por los paisajes y la gente de su tierra, y por las imágenes de los años previos a su muerte (serie que llamó Punto final, y que tiene mucho que ver con esa atención constante a sus preocupaciones personales) volvió a la diversidad tonal. También explicó a Siquier sus impresiones sobre el color: Pasar horas a oscuras o lavando baldes siempre me pareció desagradable. Luego se me hizo imposible… Hay que leer, charlar con amigos, escuchar música, perder el tiempo… Así que probé el color y vi que una buena transparencia proyectada a gran tamaño es un mundo nuevo y atractivo, tanto como un el cartón puede ser. entre las manos, y que todo el proceso Kodachrome sea lo suficientemente uniforme y fiel como para ser utilizado como material de trabajo (…) Es necesario educar el sentido del color y de la luz.

Precisamente la luminosidad del norte, tan distinta a la que conocía el fotógrafo andaluz, tuvo que ver con estos hallazgos (un nuevo puesto profesional le devolvería a Gijón): Personalmente, este cambio ha sido posible para mí -creo- gracias a la aurora boreal. Aquí vivimos gran parte del año inmersos en un mundo crepuscular… El color me ha permitido profundizar en él, disfrutar más intensamente de este mundo íntimo, sutil, silencioso, afinar mi sensibilidad…

Tenía la sensación de que su giro hacia el color (como vemos, fruto de una profunda convicción) no interesaba a sus compañeros de Afal, que entendían que el blanco y negro, en la línea del neorrealismo italiano, era más adecuado para mostrar la realidad de la momento. desnudo. Persistió a pesar de su sentimiento de aislamiento y luego realizó series muy significativas de su región, de la gente común y de sus ritos: prestaba atención a las miradas perdidas, a las del pensamiento suspendido, a los gestos espontáneos… Los momentos que albergaban el irrepetible sin un deseo manifiesto de trascendencia o importancia personal, sino de coherencia.

Gonzalo Juanes. Romería, agosto1967
Gonzalo Juanes. Peregrinaje. Castiello de Bernueces. Gijón, julio de 1966
Gonzalo Juanes. Peregrinaje. Castiello de Bernueces. Gijón, julio1966

Los días que regresaba a Madrid, a veces para reunirse con sus compañeros, buscaba las duchas y los espacios más húmedos (el Retiro, el Jardín Botánico); En aras de la autenticidad y siguiendo sus inclinaciones, no fotografió el sol. La serie que dedicó a la terraza de un bar de la calle Serrano constituye un maravilloso testimonio de la juventud acomodada de los años sesenta y sus formas de relacionarse; Lo realizó en apenas un par de horas, abordando un tema poco habitual para la fotografía documental en aquella época.

Gonzalo Juanes. Calle Serrano. Madrid, noviembre de 1965
Gonzalo Juanes. Calle Serrano. Madrid, noviembre1965
Gonzalo Juanes. Calle Serrano. Madrid, noviembre de 1965
Gonzalo Juanes. Calle Serrano. Madrid, noviembre1965

La autenticidad de estas obras no es menor que la que revelan las realizadas en Asturias, aunque como debería haber señalado Pérez Siquier, estas últimas tenían una luz plateada: Supongo que es una cuestión de raza o de sensibilidad determinada por factores geográficos y climáticos. Para los del Cantábrico, es el único que verdaderamente nos proporciona un placer íntimo… El sol nos alegra, pero su monotonía nos cansa.

Salvo una serie dedicada a la famosa bajada del Sella, no encontraremos en esta exposición ni en toda la producción de Gonzalo Juanes imágenes narrativas, sino destellos que hablan de las vidas complejas y efímeras de todos, de un fondo melancólico subrayado por esa luz siempre suave; o la expresividad de los lugares urbanos (algún uso muy moderno del rojo puede recordarnos a las creaciones de William Eggleston). No hay nada convincente en sus composiciones, excepto la fuerte identidad personal que ofrecen cuando se ven juntas; los últimos vienen a sugerir la muerte en sus diferentes manifestaciones, pero lo esencial en ellos sigue siendo la mirada: nos referimos a instantáneas de Gijón marcadas por la crisis industrial, doblemente gris, y aquellas en las que da cuenta de sí misma. agonía. , incluso a través de naturalezas muertas de hospitales. La intimidad de estas obras carecía de atractivo para terceros, pero no importaba ya que literalmente proporcionaban satisfacción íntima.

Gonzalo Juanes. Descenso del Sella. Ribadesella, agosto de 1965
Gonzalo Juanes. Descenso del Sella. Ribadesella, agosto1965
Gonzalo Juanes. Parque Isabel La Católica. Gijón, noviembre de 1967
Gonzalo Juanes. Parque Isabel La Católica. Gijón, noviembre1967

“Gonzalo Juanes. “Una luz incierta”

SALA CANAL ISABEL II

C/ Santa Engracia, 125

Madrid

Del 28 de mayo al 21 de julio de 2024

 
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