Tienes que ser artista – .

Tienes que ser artista – .
Tienes que ser artista – .

YEn sus manos hay un lienzo con unos lirios bordados; Hay una obra que sorprende a quienes hemos llegado a conocer su obra; Hay, poco después, un bargueño que se abre ante nuestros ojos mostrando la inesperada amplitud de sus cajones secretos, su madera tallada con formas y dibujos, algunos abstractos, otros dibujando en las esquinas veteadas del Carrizo; Son azulejos de colores que él, Benancio López, rescató un día de las paredes de cocinas antiguas que iban desapareciendo, de las de chapa y de gancho para el fuego, y con los que hacía cuadros de fantasía caleidoscópica.

Hay un trabajo oculto entre sus manos, oculto por otras tareas que hacía cuando era más joven, cuando recorría con su tienda sobre ruedas los pequeños pueblos de Omaña y Cepeda, arriba del Órbigo, vendiendo de todo en cada pueblo, en la camino de vuelta. de cada curva. Hay entre sus dedos el residuo del comercio, pero también el de la gubia y la aguja. Hay, además de un reloj antiguo y algunos billetes, dragones tallados en los cajones de un escritorio, figuras que un día talló en madera de boj y marfil, un milagro de la incrustación. Hay faisanes que se entrelazan y estrellas, estrellas que bailan una dentro de otra, como en un sueño, un prodigio de su arte desconocido para muchos. Hay asombro en lo que nos muestra.

Hay una mirada profunda en sus ojos y una forma de hablar pausada, midiendo cada palabra, con la voz baja para contar cosas de antes, historias de este pueblo de Órbigo donde vive. Entre quienes la visitamos hay asombro, miradas en todas direcciones. También hay tapices, hechos por sus manos, sobre los que desfilan leones heráldicos. Y hay cuadros pintados por él, y hay animales fantásticos tallados al final de unas vigas. Pensamos que hay una inspiración sobrenatural en tanta artesanía, en tantas disciplinas que dominan sus manos. Y nos preguntamos cómo hay tanto desconocimiento sobre esta inmensa obra.

Y, tras el gesto de sus manos, hay miradas y hay asombro, hay ojos que se elevan hacia los artesonados y otros que se apoyan en las telas de borlas. Hay rumores y hay reconocimiento al trabajo de Benancio, Nanci para todos en Carrizo. Y, entre los visitantes, hay una voz que resume lo que todos pensamos:

—¡Tienes que ser artista…!

 
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